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Porqué Papá Noel es Peronista

Yo nací y me crié en el seno de una familia peronista del conurbano bonaerense, más precisamente de Lomas del Mirador, Partido de la Matanza. En los tiempos en que vine al mundo el peronismo estaba proscripto y su líder exiliado. Mi padre era un militante de la que la historia conoce como La Resistencia Peronista. En realidad mis tías y tíos, tanto maternos como paternos, también eran peronistas y varios de ellos militaban en La Resistencia.

Mi madre tenía, en un cuarto de la casa, que no se usaba más que para guardar cosas, una especie de altarcito con un cuadro de General montado en un caballo pinto y otro con la siempre sonriente imagen de Eva. Por mi casa desfilaban variopintos personajes de la Resistencia ya que se usaba como depósito de diarios y cartones, que una vez al mes eran vendidos para juntar dinero para las actividades que la militancia de esos días requería.

Mi padre, cuando ocurrió la movilización del 17 de octubre de 1945, era un muchachito de 16 años que salió a la calle a ver lo que pasaba y terminó en La Plaza de Mayo y con las patas en la fuente. Una vez, cuando en una charla le pregunté qué lo había llevado a hacerse peronista me contestó: - Podría darte mil razones, tanto políticas como culturales, pero creo que en el fondo hay una razón más fuerte que todas las que te pueda dar, con Perón por primera vez en mi vida hubo un pan dulce y una sidra en mi casa para Navidad; nosotros éramos seis hermanos, cuatro mujeres y dos varones, cinco éramos hijos del primer matrimonio de mi vieja, de los cuales yo soy el menor  y una era del segundo matrimonio de mi vieja; en esa casa todos trabajábamos desde muy jovencitos y a lo único que podíamos aspirar en Noche Buena era a tener una cena más o menos decente, pero nunca nos daba el mango para comprar un pan dulce y menos que menos una sidra y fue con Perón que por primera vez vi en la mesa de mi familia pan dulce y sidra para Navidad. Esto me lo contaba con lágrimas en los ojos y acariciando mi cabeza. Fue a partir de ese diálogo que comencé a comprender el fenómeno del peronismo.

Mucho antes  de esa confesión de mi viejo, yo ya militaba en el peronismo, desde los trece años, pero a decir verdad era peronista desde chiquito.

La Navidad en mi familia era una fecha importante, muy importante, no porque todos fueran católicos apostólicos romanos, más bien porque era una fecha de encuentro familiar, de compartir, de regalar lo poco o mucho que se podía. Mi madre y dos de sus hermanas, junto a maridos e hijos se juntaban, desde que yo tengo memoria en la casa de una de ellas en Santos Lugares, en el Partido de San Martín, más precisamente a cuatro cuadras de la estación Lourdes del Ferrocarril Urquiza. Allí todos los años nos dábamos cita mi tía Tonga y su marido, el tío Mariano, los dueños de casa, y sus dos hijos, Judith y Claudio, mi tía Rusa y su marido Miguel, que además era mi padrino, y sus dos hijos, Pochi y Miguel Ángel y mis viejos, la Titina y Omar y mi hermano Fabián y yo.

En realidad la Navidad empezaba varios días antes ya que las tres hermanas se juntaban unos días antes para organizar la comilona y todo el tema de la compra de regalos para los chicos, de la que siempre se encargaba mi mamá. Regalos que a las doce en punto de la noche repartiría el tío Mariano disfrazado de Papá Noel.

El primer recuerdo que tengo de Papá Noel es que irrumpió en la oscuridad de la noche con su bolsa de regalos y cantando la marcha peronista. Cabe reiterar que por esos años estaba prohibido cantar la marcha y mis tíos y mis viejos aprovechaban el bullicio de la pirotecnia y las sirenas para dar rienda suelta a su pecaminoso peronismo. Desde esa vez yo siempre consideré al gordo barbudo vestido de rojo y que nos traía regalos, un peronista más, un compañero peronista, el compañero Papá Noel!

Todos fuimos creciendo y el ritual navideño se seguía repitiendo y aunque llegó el día que todos sabíamos que el gordo que repartía los regalos era el tío Mariano disfrazado, y ya no estaba prohibido cantar la marcha, él se seguía disfrazando e irrumpiendo en la oscuridad y entonando la marcha.

Los años pasaron, Mariano enfermo de un ACV y quedó parapléjico y al tiempo falleció y esa juntada familiar dejó de hacerse. Pero el rito del brindis y la marcha se conserva aún hoy día en que ya no están en este mundo ni mis viejos, ni mis tías, ni mis tíos y con mis primos no nos vemos nunca. Hoy cada Noche Buena nos juntamos con mi hermano y nuestros hijos y los nietos de mi hermano y después del brindis cantamos la marcha, tal vez en un sincero homenaje a nuestros mayores, que nos enseñaron lo importante que es reunirse en familia alrededor de una mesa y compartir lo poco o lo mucho que haya para compartir y fundamentalmente hacerlo con alegría, porque la alegría y Papá Noel son peronistas.

Publicado la semana 11. 13/03/2019
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