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neKKKro

Matinal

Se levantó de la cama un poco más tarde de lo habitual ya que había decidido pasar por alto los compases de Snake Eating Its Tail de Cosa Brava, uno de los tantos experimentos de Fred Frith, el legendario guitarrista a quien aprendió a amar y a odiar desde aquella adolescente noche en que escucho en su Spica a Henry Cow por primera vez, hace ya 46 años. Se vistió y dió comienzo a su diario ritual de emprender otro día en este absurdo mundo, que minuto a minuto se esta yendo cada vez más a la mierda.  Comprobó que su compañera de toda una vida seguía durmiendo y recogió sus petates que siempre son los mismos: la taza vacía del té que todas las noches disfruta en la cama, su celular, su lata de tabaco y sus dos pares de lentes que ajustan su visión del mundo. Bajó las escaleras y se dispuso a regar sus plantas y jugar un poco con su perro. Luego al baño a desprender la modorra matinal con un generoso chorro de agua fría y a preparar su cotidiano desayuno, mate amargo con alguna tostada que esa mañana cambió por una porción de pan dulce de la noche anterior, del año anterior. Se regocijó al comprobar que el retraso de su despertar no había alterado el silencio del barrio, del que tanto goza cada mañana de cada día, ese silencio que acalla a los fantasmas, reaviva los sueños de que su pequeño mundo se convierta cada día en un lugar más justo, más equitativo, más solidario y no se encamine al derrumbe definitivo.

Esta mañana era una mañana como todas, con la salvedad de que era la primer mañana de un nuevo año; un año que promete ser peor que el anterior y el anterior y el anterior. Un año en el que él esperaba que su economía, que en un absurdo pendular oscila entre endeble y lamentable, no colapse definitivamente; con eso, con evitar su colapso económico, se sentía satisfecho. Hace años que abandonó sus ideas de trotamundo, hace años que se inclinó por una vida austera sin saber discernir si fue una decición propia o impuesta.

Casí como en una ceremonía iniciática armó el primer cigarro de la primer mañana del nuevo año y mientras lo fumaba se prometió hacer que este año fuese mejor, un año en el que haría por fin la diferencia, un año para disfrutar de la compañia de sus amigos, del buen vino y de la alegría diaria de amanecer todos los días y mientras sorbía la bombilla de su mate y pitaba su cigarro sonrió al reconocer que era la misma promesa del año anterior y del anterior y del anterior...

Publicado la semana 1. 01/01/2019
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