05
Najul Kirillos

Lo que sostiene las estrellas.

 

     Escuchó el grito y algo se desgarro en sus entrañas.

     Frenético, soltó la herramienta y corrió lo más rápido que pudo por el campo de trigo, seguido de su hermano menor, hasta encontrar a su padre, que en el suelo, hecho un ovillo, se tomaba  su tobillo y con un hilo de voz le susurró:

     -Yarará.

     El hijo actuó rápido y levantó el pantalón descubriendo, sobre la alpargata, dos hilos de sangre. Chupo como pudo y escupiendo a un costado le dijo al menor que trajera el caballo. Desenganchó el arado, subió a su hermano en la grupa y lo mandó en busca de ayuda hasta el pueblo.

     Quitó el pañuelo de su cuello, hizo un torniquete en la pantorrilla, se sentó en el suelo y puso la cabeza del herido en su regazo.

     Solo quedaba esperar.

     Sin poder discernir si lo hacía por tranquilizar al hombre o para espantar su propio miedo, el joven empezó a hablar mientras le acariciaba el cabello.

     -No hable padre, guarde sus fuerzas, no se tardaran. El Luisito los traerá en poco tiempo. Usted aguante nomas.

     No lo voy a abandonar, yo me quedo. Como usted no nos abandonó cuando la neumonía se llevó a madre, usted se quedó y se hizo cargo y yo me quedo con usted, padre. Porque usted no se puede ir, ya pronto hay que cosechar las espigas, padre. ¿Y con quien lo haremos sino con usted?

     ¿Quién separará el grano de la paja, quien lo va a embolsar?

     ¿Quién reparará el gallinero y sacara agua del aljibe?

     ¿Quién sino usted, me va a guiar al río y marcarme las mejores pozas para pescar?

     No padre, usted no pude irse todavía. Su amor es lo que hace que aquí florezcan los damascos, perfumen los jazmines y se sostengan las estrellas en el cielo.

     Si padre, usted no puede irse, los chicos y yo lo necesitamos-.

     El muchacho miraba de reojo la pierna hinchada, que ya se ponía toda púrpura por el veneno, y el temor le cerraba la garganta, sin embargo sabía que debía seguir hablando.

     -Vamos padre, no me afloje. Quédese padre, por favor. No nos deje más guachos de lo que estamos.

 

 

 

     No se me marche  a las sombras, no entre en la noche, usted sabe que yo apenas se de atardeceres y no podré seguirlo.

     Si es usted el que le da colores al arco iris y llama a las lluvia suave para que refresque el verano.

     No se me vaya todavía, ¿quién otro se levantara con la noche cerrada, para convocar a las luces de la mañana antes de llevarme el mate al catre para despertar?

     Solo usted padre, solo usted.-

     El joven aguza el oído y levanta la mirada, pero de la ayuda no hay señales.

     -¿Por qué tarda tanto este tarambana?, espero que no se haya perdido. Es capaz de extraviarse de la casa a la letrina el tarado este… Tiene frías las manos padre y sin embargo suda. ¿Quiere agua?, aquí tengo la vasija con agua fresca.

     -Eso, tome un poco- le dice mientras le moja los labios.

     -Lo llevaré a casa y mis hermanas le harán un buen caldo, de esos que a usted le gustan. Y en pocos días ya estará ordeñando las vacas y en el invierno carnearemos el chancho.

     Solo usted puede hacer eso. Solo usted. Es su presencia la que hace que todo sea como deba ser, como se ha mandado…Solo usted. Si se nos va, el viento no va a ser el mismo, ni el cielo ni el arroyo, ni nada. No nos falle, no nos deje sin su luz.

     ¡Escuche padre, ya llegan!, ¿escucha las voces que trae el aire? ¡Ya están aquí, aguante un poco carajo! ¡Abra los ojos tata, mire el camino que ya llegan!-

 

     Tardaron un buen rato en hacer que el muchacho soltara el cuerpo inerte de su padre.

     El sol caía sobre el campo de doradas espigas.

     Se quedó un rato mirando la nada, se incorporó. Con una mano tomó la de su hermano y con la otra se secó una lágrima y sujetó la rienda del caballo.

     No era momento de llorar. Nunca lo fue.

     Suspiró y desanduvo despacio el camino al rancho, esa tarde que moría, entre tonos rosados y violetas, él había recibido la única herencia posible en su pobreza… la de sostener las estrellas en el cielo.

Publicado la semana 5. 29/01/2019
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