03
Najul Kirillos

Tus ojos en la niebla.

Estos zapatos oscuros, estas paredes mudas que enmarcan un cristal de relegada limpieza.

            Exiliado en este país gris, sofocado por la niebla, tan distinto a mi barrio de sol y risas. Esta soledad acompañada solamente por mis olvidados abuelos, tan amables, tan ausentes.

            Tantos años esperando detrás de esta ventana, que ostenta de paisaje una calle empedrada, distante de colores y de estrellas.

            ¿Cómo un país puede ser tan marchito?

            Solo el deseo de encontrarte, de regresar y verte nuevamente me mantiene en vigilia irrespirable.

            Desde esa noche en que irrumpieron en la casa a llevarse a mis padres y al no poder, los mataron. Esa noche que también te perdí a vos.

            Quise escapar, te lo juro, corrí como loco por el pasillo, atravesé el patio, intenté esconderme en el cobertizo del fondo, pero no llegué. El disparo, la oscuridad y la inconsciencia.

            Me pregunto si tu padre fue el de la idea con sus camaradas de uniforme. Nunca me aceptó, siempre tuvo a papá  como centro de sus críticas ácidas. Sé que a un coronel del ejército, nunca la caerá bien un sindicalista, eso lo entiendo.

            Pero mandar a matar es otra cosa.

            Y la muerte de ellos me ayudó a mantener el aliento detrás de esa ventana, robándole estrellas a una noche que me las niega. Espero, tratando de desterrar venganzas, solo alentado por el deseo de volver a ver tus ojos ausentes de mi niebla. Niebla que me rodea en esta ciudad extraña. Que me ahoga de a ratos y me envilece. Me lleva al fondo. Me inunda.

            Solo la memoria de tu beso me ilumina

            ¿Cómo puede caber toda una vida en un beso?

            ¿De algo tan perturbador, tan visceral puede ser parida la luz que ilumine para siempre la existencia? ¿Cómo hace un beso adolescente para desterrar el miedo en nuestra alma para siempre?

            Como si uno eligiera el sendero con los ojos cerrados, penetrando en la bruma pisando en falso y sentir que se cae en un abismo que solo acaba cuando abro mis ojos y encuentro tu mirada transparente.

            Estos años han sido puro espanto. El viento parece más lento y el mar peca de  silencio. Tu beso me salva al ponerme del lado luminoso.

            Y te confieso que no tuve otro amor más que vos.

            Por eso volví.

            Como vuelve el invierno, como vuelven los pájaros.

            Volví como vuelve el viento.

            Volví a mi barrio de sol y risas. Regresé al camino que más recorrí en la vida. El trayecto de cuatro calles entre la que fuera mi casa y el jardín de jazmines de la tuya.

            Las mismas veredas, las mismas baldosas flojas, una suerte de sortilegio tal vez las mantenía así después de dieciocho años.

            Paso a buscarte y me dicen que no estás. Que fuiste al cementerio. Me entero que tu padre murió hace unos meses. Corro a buscarte. ¿Cómo presentarme después de tantos años? ¿Te habrás casado? ¿Tendrás hijos? ¿Me habrás olvidado?

            Cruzo el portón de rejas que cierra el alto portal de entrada. Camino con aire distraído entre las tumbas,  para no delatar a mi corazón que insiste en tiritar.

            Veo tu figura, a lo lejos, que contrasta con el tronco oscuro de un viejo árbol. Temblando voy avanzando hacia vos, se me dificulta caminar, como si el viento soplara en mi contra. Pero no hay viento.

            Me acerco desde atrás, estás frente a una lápida, tu perfume es exquisito.

            Comienzo a rodearte para que me notes y no te asustes. Estás con la vista fija en el mármol, tan ensimismada que no percibes mi presencia.

            Algo me perturba y sigo tu mirada hasta la piedra gris.

            Leo mi nombre y una fecha de hace dieciocho años. Vos sigues sin notarme.

            Con gesto triste giras. Me miras como a través de un cristal, o del aire o de nada. Yo no estoy allí para vos, ni en ninguna otra parte.

            Y me quedo parado, vertical al cielo.  

            Parado en esa grieta por la que los muertos traspasan la frontera y que un beso adolescente, a veces, solo a veces, nos permite traspasarlo.

Publicado la semana 3. 14/01/2019
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La vida misma , En cualquier momento
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