06
Mr. Nobody

Matar una estrella III

- Greg... Greg... Despierta 

Una voz lo llamaba, creía reconocerla, pero hacía bastante tiempo que no la escuchaba. Debía ser un sueño, debía estar acostado en su cama y pronto su madre iría a despertarlo. Pero la voz continuaba llamándolo cada vez con mayor intensidad, estaba seguro de haberla oído antes en algún lugar. No podía ser posible, aquella voz era de: 

- ¿Papá? ¿En verdad eres tú? 

- Greg hijo... 

Su padre lo miraba sonriente. Estaba arrodillado delante de él, tenía el cabello blanco y una barba que Greg no recordaba haber visto antes. Llevaba sus viejos anteojos; unos enormes bifocales que tenían el cristal izquierdo estrellado. Estaba mucho más delgado de lo que recordaba, incluso en su mirada había algo de cansancio, pero sin duda era él. 

- ¡Papá! 

Greg se abalanzó sobre su padre y este casi no pudo resistir el peso de su hijo. Al parecer ambos se habían extrañado bastante pues su abrazo duró mucho más de lo que Greg tenía planeado. Cuando por fin ambos se separaron, Greg notó que ya no se encontraba en ninguna habitación, si no que habían vuelto a la playa en la que encontró a Conejo.  

- ¿Qué hacemos aquí papá? 

La sonrisa de su padre desapareció tan rápido como había llegado. Sin contestar la pregunta de Greg este se levantó y después le ofreció una mano a su hijo para ayudarlo a levantarse. La noche se encontraba hermosamente oscura. 

- Hijo... ¿sabes lo que he estado haciendo? ¿Sabes por qué no he podido volver a casa contigo? 

- No lo sé. No recuerdo que me hayas explicado - Su padre sonrió, pero Greg pudo notar que era una sonrisa triste. 

- Eras demasiado pequeño. Pero mírate ahora, eres casi tan alto como yo. Ojalá llegaras a ser tan viejo. Greg, dime ¿Qué es una estrella? ¿Se puede comer? ¿Se puede matar? 

- Yo... No entiendo... Papá... dime... ¿qué era más importante que... que yo? - estuvo a punto de llorar, pero al final no lo hizo, no quería parecer un niño delante de su padre. 

- Desearía saberlo hijo. Desearía que las cosas hubiesen ocurrido de otro modo. Qué pudiéramos tener más tiempo, aunque sea sólo un poco más. 

- Pero, no entiendo, apenas te encontré. ¿Te vas a ir otra vez? 

- … No hijo... 

- Hazlo de una vez – La voz de Conejo se escuchó lejana. Greg lo buscaba con la mirada y entonces descubrió que estaba saliendo del agua y caminaba hacia ellos sobre la arena dejando un rastro de enormes patas detrás de él. - No hay mucho tiempo. Tienes que hacerlo. 

- ¿Qué tienes que hacer papá? - De nuevo no obtuvo respuesta, en cambio su padre dio un paso adelante para situarse entré Greg y Conejo.  

- No puedo... y no te dejaré hacerlo. - Unas gruesas lagrimas recorrían su rostro – ¡Greg corre! - dijo girando la cara para verlo de reojo 

Greg hubiera querido preguntar qué era lo que estaba pasando. Cuando dio un paso en dirección a su padre, este calló de rodillas y luego dio de bruces contra la arena; todo antes de que Greg descubriera que Conejo sujetaba un puñal ensangrentado en una de sus patas delanteras, las mismas con las que había pretendido abrazarlo apenas unas horas antes. 

Su padre yacía en el suelo inmóvil mientras que Conejo se acercaba a él lentamente. Ya no tenía la misma cara de amabilidad que Greg conocía; en cambio, unos ojos despreocupados y una sonrisa de resignación habían aparecido en ella.  

- Vamos muchacho, no hagas esto más difícil. 

Greg le dio la espalda intentando correr, pero Conejo lo interceptó mucho antes de que pudiera hacerlo. Intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero todos sus esfuerzos eran inútiles, Conejo era fuerte, mucho más de lo que él se había imaginado. Casi sin esfuerzo le dio la vuelta y ambos estuvieron frente a frente otra vez; aunque ahora Conejo no conservaba nada de la elegancia que Greg había visto antes en él. 

- Sabes que no hago esto porque quiero ¿Verdad? 

- ¿Entonces por qué lo haces? - Preguntó Greg sin poder contener un llanto que lo avergonzaba, no quería llorar delante del asesino de su padre. 

- Alguien tiene que hacerlo... 

Y sin decir una palabra más, Conejo clavó el puñal en el estómago de Greg. El muchacho cayó de espaldas sobre la arena fría, Conejo lo miró por un momento y luego se alejó caminando hacía el bosque.  

Greg no entendía nada de lo que había pasado. Con ambas manos cubrió la herida e intentó no llorar más, aquello fue tan inútil como todo lo que había hecho hasta entonces. De pronto una pequeña luz en el cielo comenzó a brillar y las palabras que había escuchado antes volvieron a sus oídos. “¿Qué es una estrella? ¿Se puede comer? ¿Se puede matar? ...” 

- ¿Tú eres una estrella? - susurró Greg con su último aliento antes de entenderlo todo. 

 

Publicado la semana 6. 05/02/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=clJk8a5q1Lo
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