05
Mr. Nobody

Matar una estrella II

Caminó a paso firme hasta llegar a una especie de lago que casi no vieron la primera vez que estuvo ahí. Recordó como él mismo estuvo a punto de caer, pero su padre pudo sujetarlo. “Aquí abajo” había gritado la voz desconocida. Ahora sabía que debía encontrar una escalera de caracol que lo llevaría al fondo, pero antes estuvieron a punto de regresar. 

Al fondo de las escaleras había un pequeño círculo y delante de él una enorme puerta, sobre ella un viejo letrero del cual apenas se podía distinguir las letras “Waterfall”. Greg tocó un par de veces y esperó a que abrieran. La puerta giró y del otro lado había un viejo gnomo malhumorado, tenía una nariz enorme y unos ojos rojos y pequeños, caminaba encorvado, apoyando su peso en un bastón e iba descalzo. La primera vez que lo vio, Greg había creído que los había engañado y que aquella criatura iba a comérselos. 

- Ah. Has vuelto mocoso. Entra que no tengo todo el día. 

Greg entró y Gnomo cerró de un portazo. Se sorprendió al ver que en ese lugar nada había cambiado realmente. Había una única silla y cientos de libros en un enorme librero, una chimenea en la que apenas si había unas cuantas brasas y en un rincón los cadáveres de cientos de ratones que pasaban por aquel lugar y eran descubiertos. 

- Ya estaba pensando yo que uno de estos días iba a verte por aquí.  

- No me gusta molestar, señor.  

- Y aun así aquí estás. Adentro de mi casa esperando que te haga el mismo favor por el que nunca me han dado nada a cambio.  

Apartó la mirada pues sabía que Gnomo se molestaba si lo veían directamente. 

- Señor yo... 

- Y andan por ahí caminando como si ustedes fueran lo más importante. Hablando de sus estrellas y tratando de darle significado a algo que no lo tiene. Creyendo que lo saben todo. Pero te diré un secreto muchacho... 

Gnomo se acercó a Greg y a pesar de ser encontrarse encorvado desprendió un aura que aterrorizó al chico. Estaban tan cerca que no pudo evitar mirarlo a la cara y cuando Gnomo habló, un poco de su saliva fue a dar a los ojos de Greg. 

- … ustedes humanos no saben nada 

La chimenea comenzó a echar chispas y antes de que alguno de los dos pudiera hacer o decir algo más, en ella se encendió un fuego azul celeste, Greg se sintió aliviado por lo que caminó hacía ahí para marcharse lo antes posible. 

- Bueno... me tengo que ir...  

Pero Gnomo no le hizo caso, simplemente caminó hacía las ratas y continuó apilándolas, mientras seguía refunfuñando por lo bajo. Greg entró en la hoguera y antes de desaparecer pudo escuchar que Gnomo decía: 

- Pero ¿Qué es una estrella? ¿Se puede comer?... 

Apareció en una habitación completamente distinta a la anterior. Había varios estantes con cientos de frascos; algunos de ellos tenían criaturas nadando dentro de líquidos espesos de diversos colores, otros con enormes pulgares deformados. Había una mesa con tubos de ensayo, unos cuantos libros de alquimia y varios planos con diversas constelaciones, todos ellos tachados y con correcciones hechas por una pluma extraña. Había una ventana de madera que Greg intentó abrir sin mucho éxito, así que la única iluminación que tenía el lugar era la de la chimenea que pronto pasó del azul celeste a un verde opaco. 

A pesar de conocer el camino era la primera vez que se encontraba ahí. Antes, cuando no llevaba años sin ver a su padre solía acompañarlo hasta la chimenea y esperar a que volviera en la habitación de Gnomo. Pero eso parecía haber sido hace una vida entera. Un día, mientras esperaba, las llamas de la chimenea se tornaron azules como siempre y él se acercó esperando ver a su padre salir de ellas como de costumbre, pero en cambio, quien emergió de ellas fue Conejo. Aunque no era el mismo Conejo amable que hasta entonces él había conocido, si no uno rabioso que parecía estar enojado con su padre pues, cuando su padre salió detrás de él y ambos se percataron de su presencia gritó: 

- ¡No vuelvas a traer a tu mocoso aquí! 

Así que su padre se lo llevó a casa y luego volvió a salir; desde aquella noche no lo había visto otra vez. 

El fuego se había apagado por completo, la habitación estaba entonces en penumbras cuando algo o alguien comenzó a golpear la ventana. Greg se asustó tanto que retrocedió y sin darse cuenta, chocó contra una de las estanterías provocando que algunos de los frascos cayeran y se rompieran. Inmediatamente, las criaturas que habían estado hasta entonces dentro de los frascos comenzaron a moverse por la habitación, hasta que una de ellas le prestó atención a Greg y trató de subir por su pierna, pero él fue más rápido y dio una patada que mandó a aquella cosa a estrellarse contra la pared, dejando apenas una mancha de sangre púrpura dónde había chocado. Aquello seguía golpeando la ventana, Greg no estaba seguro de qué era, pero en definitiva quería entrar. 

Cuando caminó hasta la chimenea para intentar averiguar la manera en cómo debía encenderla para hacer el fuego celeste, se dio cuenta de que varias de aquellas criaturas diminutas habían llegado a sus hombros. Una de ellas clavó sus dientes afilados en su cuello y Greg comenzó a gritar, la apartó de un manotazo, pero eran tantas que pronto se vio completamente cubierto. Cayó de rodillas mientras aquellos seres le mordían el rostro y lo último que pudo ver antes de desmayarse fue como la ventana se abría y una figura borrosa emergía a través de ella.

Publicado la semana 5. 29/01/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=tu5cXdCc0ow
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