04
Mr. Nobody

Matar una estrella I

No sabía cómo había llegado hasta ahí. Lo último que recordaba era haber salido de su casa y comenzar a caminar. No estaba enojado con nadie, ni triste por alguna razón, sólo metió las manos a los bolsillos de la sudadera y comenzó a caminar. De pronto, el cielo se había vuelto púrpura y el océano lo reflejaba; no había estrellas y por un momento estuvo contemplando la manera en la cual el cielo y el océano parecían unirse. 

- ¿Greg? ¿En serio eres tú? 

La voz venía desde detrás de él. Entonces giró para encontrarse con un conejo del tamaño de un niño, llevaba un smoking y un sombrero, ambos eran de color rosa; parecía elegante. Conejo miraba al muchacho ladeando la cabeza y levantando una ceja en señal de incredulidad.  

- Sí, soy yo 

- Has crecido bastante muchacho ¡Por poco no te reconozco!  

Se acercó a Greg e intentó abrazarlo, pero sus patas delanteras a duras penas alcanzaban para estrecharlo un poco. Después de un momento se alejó y le pidió a señas que lo acompañara.  

- Veo que ya casi te conviertes en un hombre, dime ¿estás emocionado? 

- Supongo que sí, la verdad no he pensado mucho en eso. 

- No te preocupes, no te preocupes. Tu padre era igual. 

Habían llegado a una carroza y tan pronto como el chofer abrió la puerta ellos entraron. Greg se preguntaba si era verdad que era igual a su padre. Comenzaron a avanzar y pronto de la playa no quedó nada, se habían sumergido en un espeso bosque y Greg recordó la primera vez que lo había atravesado. 

En aquella ocasión iba de la mano de su padre, quien no lo soltó por un solo momento. Él se había sentido emocionado a cada paso y caminaba intentando recordar cada pequeño detalle del lugar. Cada árbol, rama, hoja e incluso cada gota de la lluvia que de pronto comenzó a caer. 

- ...por eso es importante que sepas lo que haces... ¿Greg? ¿Estás escuchándome? 

La voz de Conejo lo había tomado por sorpresa una vez más; no sabía de qué se suponía que estaban hablando, pero debía ser algo serio, pues Conejo había sacado un puro y estaba fumando, Greg sólo lo había visto fumar cuando hablaba con su padre de -“cosas importantes que te explicaré cuando crezcas”-. 

- Claro que te estoy escuchando. Hablábamos de... de eso 

- ¿Y que se supone que es “eso” exactamente? 

Conejo dejó de parpadear por un instante para posar su mirada acusadora sobre los ojos de Greg. El muchacho intentaba pensar en algo para que su respuesta tuviera al menos un poco de coherencia; pero sólo lograba imaginarse a sí mismo corriendo bajo la lluvia, sujetando la mano de su padre, mientras buscaban un refugio. Al final, a los pies de un monte habían encontrado una cueva a la que entraron inmediatamente. 

- No lo sé... 

- Ay, muchacho. ¿Qué voy a hacer contigo? - Conejo dio una fumada a su puro mientras parecía reflexionar algo y luego lo miró - Déjame preguntarte algo... ¿Qué es una estrella? 

- No entiendo... yo 

- No te preocupes, déjame explicarte... 

Conejo comenzó a hablar, parecía serio o enojado, pero Greg no podía dejar de pensar en la cueva a la que seguramente también ahora se estaban dirigiendo.  

- … es una guía para todos, una señal de esperanza para muchos. Una estrella, por sí sola, si está en el lugar adecuado, puede sostener al universo entero. ¿Me entiendes ahora muchacho? 

- Sí, te entiendo. Ahora dime ¿podré ver a mi padre pronto? 

Conejo se dedicó a examinar el rostro de Greg, este no dudó que estuviera valorando la idea de que no le había prestado atención de nuevo, pero ahora no le importaba, hacía mucho que no veía a su padre y esperaba poder hacerlo pronto. La carroza se detuvo y el cochero abrió la puerta. 

- Si todo sale bien podrás verlo esta misma noche. Ahora baja, conoces el camino, te veré más tarde. Ah... y saluda a ese viejo por mí. 

Greg asintió y bajó a toda prisa del carruaje, antes de entrar a la cueva miró hacia el cielo y de nuevo observó que no había estrellas aquella noche. Era el mismo lugar en el que había estado con su padre antes, pero ahora las cosas se veían diferentes, tal vez era la sensación de encontrarse sólo. Aquella noche una voz extraña los había llamado, les decía que no tenían nada de qué preocuparse, que avanzaran hacía adentro. En cambio, ahora no había nadie llamándolo, pero Greg quería entrar y llegar al final de todo

Publicado la semana 4. 22/01/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=v712NiVK5uY
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