03
Mr. Nobody

Purple rain

Las luces me cegaban; no podía ver a nadie, pero sentía la mirada de miles de personas sobre mí. Había terminado la canción, había terminado el concierto, había terminado todo. Dejé la guitarra en el suelo estaba seguro de que no la necesitaría más. Bajé del escenario y todas las personas que habían ido a escucharme ahora parecían tener miedo; nadie aplaudía, sólo se movían lo necesario para dejarme pasar. Por el camino me quité la camisa y los zapatos; quería sentir algo. 

Salí de aquel lugar y me encontré en una pequeña calle, de una pequeña ciudad, de mi pequeño mundo. No había nadie ahí; nunca había nadie. Comencé a correr sin dirección alguna, pues sabía que no importaba dónde estuviera, no terminaría de estar. Vi mi rostro reflejado en cientos de automóviles anónimos y el viento me dio de lleno sobre el pecho desnudo cuando una corriente sopló de pronto. 

En una esquina, bajó una farola parpadeante, una pareja se estaba manoseando, mientras que un hombre se masturbaba mirándolos desde la ventana de un edificio cercano; en otra acera una chica lloraba mientras era arrastrada al interior de un callejón oscuro y un par de pasos más allá, dos hombres borrachos gritaban, cada uno jurando que mataría al otro. 

Una mujer sollozante se me acercó y sin decir una palabra, me entregó una hoja con la fotografía de un niño sonriente y se alejó. La hoja decía que el niño había desaparecido y daba un número telefónico; no pude evitar pensar que aquella mujer no volvería a ver a su hijo. Doblé la hoja y la guardé en uno de mis bolsillos.  

De pronto el cielo rugió como si una bestia estuviera a punto de descender y hasta donde podía ver, había relámpagos extendiéndose. Estuve a punto de echar a correr de nuevo, pero frente a mi caminaban tres hombres que cargaban un ataúd; iban descalzos y con idénticos trajes negros, dos de ellos caminaban mirando al suelo, el tercero, un hombre de cabello largo, reía con desdén mientras cantaba una canción que hablaba sobre el mañana. Me detuve a contemplarlos y pensé que en aquel ataúd llevaban la felicidad del mundo. Giraron en una esquina y los perdí de vista.  

Caminé un par de calles más y de un momento a otro me encontré afuera de su casa. Miré la puerta oxidada y pensé que debía tocar, así que me acerqué, pero antes de que pudiera llamar, un individuo extraño apareció desde el interior y se arrojó a mis pies. “Piedad mi príncipe, piedad” - sollozaba mientras me besaba los pies. Entonces se levantó y salió corriendo antes de que pudiera decir algo.  

Estuve a punto de seguirlo, pero ella salió de la vieja casa y sin decir nada se abalanzó sobre mí y me abrazó. Sentía su respiración agitada y el calor de su cuerpo, creí que así estaríamos hasta la eternidad, pero comenzó a llover y ella me soltó. Miramos hacia el cielo y vimos que no era agua lo que estaba cayendo. Aquella noche me miró sonriendo y yo la besé, luego ella me besó y no paramos a pesar de estar cubiertos de sangre; porque llovía sangre, pues era el fin del mundo.

Publicado la semana 3. 14/01/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=TvnYmWpD_T8
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