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Mr. Nobody

Tres de abril: María

01:45 

Es miércoles, María sale de casa con un viejo bolso y se apresura a buscar un taxi. Después unos minutos caminando, logra encontrar uno y sube al asiento trasero, mientras el conductor la saluda, el taxi comienza a moverse.  

- Buenas señito ¿Pa´ onde mero va tan tarde? 

- Uste´ nomas dele, yo le digo onde de vuelta – El hombre asiente y conduce su taxi sin prisa, María observa las calles del viejo barrio, en una esquina hay un par de pandilleros haciendo un grafiti en el que se lee “Vagos 13”. 

- Pinches vándalos. Tan viendo que estas calles ya están bien pinches feas y siguen rayándolas. - Dice el taxista intentando hacer platica. 

- Los muchachos de hora ya no respetan nada. 

- No, ya no hay quién los pare, ya ve todo lo que se ve diario. 

- Ya está todo bien feo. No como antes, que, si estaba feo, pero no tanto.  

- En estos días ya por cualquier cosa lo matan a uno. 

- Es qué hora ya está cabrón, no como antes, pero es que eran otros tiempos. 

- Eso mero seño. - “lo bueno es que mi Toñito no anda en esos malos pasos”, piensa María. - Oiga seño. No es que me meta. Pero ¿no es tarde pa´ que ande uste´ afuera? Yo nomas digo porque aquí ya está todo bien caliente. 

- Uste´ no se apure y dele.  

El chofer continúa manejando intentando de vez en cuando retomar la plática. Llevan casi una hora dando vueltas, el hombre parece comenzar a impacientarse y María parece no saber a dónde se dirigen.  

- Oiga seño. ¿Segura que vamos pa´ algún lado? Yo nomás digo porque con las vueltitas que llevamos ya van como quinientos pesos. - María ve la mirada que el hombre le dirige a través del retrovisor, de inmediato revisa su bolso y encuentra su cartera dentro de él. Cuenta su dinero y ve que apenas tiene seiscientos pesos. 

- No la chingue, me va a dejar sin nada. 

- Es lo que va señito, ya ve que hemos estado dando vueltas a lo puro pendejo. 

- Pos si oiga, pero no le puedo dar todo lo que traigo. Hágame el paro. 

- Uy no Seño, mejor me hubiera dicho antes de gastarme la gasolina a lo wey. Mejor mire, deme lo que va y ya bájese aquí pa´ que no siga subiendo el precio. 

- No mame, si estoy rete lejos de mi casa. Le digo que me haga el paro y mañana le pago pues. 

- No seño... mire, vamos a hacer una cosa. Yo la llevo hasta donde ocupe ir que quien sabe dónde sea eso y lo que no traiga me lo da hasta mañana. Pero uste´ también me tiene que echar una manita. 

- ¿Cómo que una manita? No le agarro la onda. 

- Bueno no una manita. Una mamadita mejor dicho.  

- Pinche viejo puerco ¿Cómo se le ocurre pensar que yo haría eso cabrón? 

- No se enoje doña, yo nomás le digo lo que podemos hacer, si no quiere ni modo, nomás bájese y págueme lo que me debe. - Detiene el taxi al momento y se gira hasta poder ver el asiento trasero. - Hora que, si quiere que le salga de a gratis, podemos arreglarnos. - Dice sonriendo e intentando acercarse cada vez más a María. 

- Hijo de puta... ta´ bueno pues, se la voy a mamar, pero métase a un callejón no la chingue. - El hombre asiente, acelera y gira en la primera calle, entonces estaciona el taxi y apaga las luces.  

- Vengase pa´ acá. - El hombre baja del taxi y María lo imita. Apenas están de frente él de desabotona el pantalón y le indica a María que se ponga de rodillas. - No se agüite doña, chúpela bien pa´ acabar rápido y llevarla a onde tenga que ir. 

María se arrodilla sin darse cuenta de que lo ha hecho en un charco, toma el pene del hombre con su mano derecha y comienza a masturbarlo. Dirige su mirada a la cara del hombre y ve que él también la está viendo. Entonces él la toma de la cabeza e intenta hacer que lo labios de María rocen su pene. María se resiste al principio, pero pronto piensa que no hay otra opción si quiere encontrarlo, así que abre la boca y el hombre mete su pene en ella. 

“Chupala puta” dice el hombre mientras mueve su pelvis para hacer que su pene llegue más profundo en la boca de María. Entonces saca su miembro y ayuda a María a levantarse. La empuja contra el taxi y sin que ella diga nada le desabotona el pantalón y se lo baja hasta las rodillas. María se inclina hacia adelante y cierra los ojos mientras siente como el pene del hombre busca la entrada a su vagina. Entra y sale despacio, María siente asco y espera que termine pronto, pero antes de que pueda pensar en nada, una patrulla con las sirenas encendidas atraviesa la calle de un costado a toda velocidad. 

- Perate wey - María lo empuja y se sube los pantalones a toda prisa – Sigue a esa patrulla y al rato acabamos. 

- Hija de la chingada, ya iba a terminar pendeja. 

- Ya cállate baboso y sigue esa puta patrulla. Ya luego te la mamo toda la semana pa´ que no chingues. 

- Ta bueno, pero me vas a pagar el pinche viajecito. 

Ambos suben al coche y el hombre conduce hasta alcanzar a la patrulla que va sobre la avenida principal a toda velocidad, el teléfono de María suena, pero ella no contesta. Ambos ven la capilla de San Sebastián, pero solo el taxista se persigna, unos segundos después se escuchan un par de disparos. “Dios bendito, cuídame” - Piensa María. El teléfono de María vuelve a sonar, pero ella sigue sin contestar. La patrulla da vuelta a la derecha y dos calles más adelante se detiene. En ese momento suena el teléfono de María por tercera vez y ella decide contestar. 

- ¿Qué quieres? - contesta María irritada viendo como el oficial baja de la patrulla. 

- Necesito que vengas por mí. - El oficial entra a un local cercano – No estoy bien. 

- ¿Ahora que chingaderas hiciste Jesús Antonio? 

- Nada. Estoy en la esquina de... 

- Párese aquí. - Le dice María al taxista.  

- Ta bueno señito, son quinientos pesos. - contesta el taxista sonriendo. 

- ¿Cuánto? - “Ya ni porque me dejé coger” estuvo a punto de decir María, pero recordó que estaba con Jesús al teléfono. - Hijo de puta ya me dejaste sin dinero. No puedo ir Jesús, ya vete pa´ la casa. - María cuelga el teléfono y paga de mala gana al taxista. 

María no pierde el tiempo y se apresura a entrar al mismo local que entró el policía. Adentro, apenas hay cuatro mesas, una de ellas está vacía. Hay una barra con un hombre que la mira atento. María se acerca y pregunta por el policía que entró hace unos minutos.  

- Aquí no hay ningún oficial doña - responde el hombre de la barra.  

- Vi su patrulla afuera. Él me citó aquí - María saca cien pesos de su bolsa y se los ofrece al hombre de la barra. - Me dijo que le diera esto. 

- Hubiera empezado por ahí doñita. - El hombre de la barra toma una llave de un pequeño estante que hay detrás de él y se la da a María. - Subiendo las escaleras. Segunda puerta pa´ la derecha. 

María toma la llave y se dirige a la habitación que el hombre le ha indicado. No tiene duda de lo que encontrará una vez entre a la habitación. Abre su bolso y mete su mano izquierda dejándola ahí mientras abre la puerta con la mano derecha. Entra a la habitación y ve a una mujer arrodillada con el pene de su esposo en la boca, toma la pistola que guarda en su bolsa y sin pensarlo dispara al oficial en la frente. La prostituta comienza a gritar cuando el oficial cae muerto. María toma la pistola, la pone en su boca y dispara. 

Publicado la semana 13. 28/03/2019
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