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Marvin Six

3 Días

La sombra escapó de él como de un enemigo. La sombra lo dejó como a un objeto dentro de una caja.

El primer día de hombre solitario (nadie estará nunca tan solo como cuando esté sin sombra), se quedó sentado, esperando quién sabe qué destello. Miró sus manos, estaban lisas y sus venas latiendo como mil carreteras que no llevan a ninguna parte. Y en esta contemplación pasó junto al tiempo, de la noche al día y otra vez a la noche.

El segundo día, se sintió desdichado y levantó en tres dimensiones una casa de calor. Allí esperó un poco más, sin ideas, porque su sombra lo tenía desnudo. Pasó la mañana, pasó la tarde y sin oler el crepúsculo, supo que el vacío estaba entrándole en el cuerpo. Se dejó ir en la oscuridad, soñó con las paredes mudas sin su reflejo.

Y llegó como pudo al tercer día. Ese sitio de cábalas que es permanecer tres veces. Descubrió sin proponérselo, que el secreto estaba en salir de su forma: empujar los muros del encierro, volverse negro de carne y relampaguear de fuerza. Pudo sentir que los límites se desvanecían en el aire que empezaba a agitarse. Sus fuegos interiores se asomaron para envolver sus miembros.

La sombra lo esperaba de pie, del otro lado de la astillada puerta de sus miedos.

 

Publicado la semana 8. 24/02/2019
Etiquetas
prosa poética , Leer en silencio , Soledad, sombra, prosa poética, humanidad, ceguera
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Género
Relato
Año
I
Semana
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