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Marvin Six

Soñar dentro de un sueño

Se me permite escudriñar los densos paisajes de mis sueños a través de una ventana que se entorna. Cada oportunidad de inspirar el aroma del tiempo es cuidadosamente calculada.
Alguien descorre velos con dedos de azúcar afilados; es el mismo ser que mezcla el humo de azul adormidera con mis recuerdos, en una danza lenta, fragante y dolorosa.

Algo bajo la blanca, nublada claridad, algo trae tus palabras. Tus palabras no dichas. Tus palabras no contaminadas.
Ellas, como espíritus del aire bailaron en tu frente, en tus oídos, atravesaron tu garganta en suspiros truncos.
Y más tarde bajaron por tu sangre, se vertieron como gritos ahogados debajo de la tinta de tus uñas.

Se me permite llevar de la mano a mi mirada hasta un punto en el muro.
Se me permite llamarte con el entero temblor del árbol de mi espalda.
¿Estás aún allí? ¿Me sueñan inversos en tu mundo tus ojos húmedos de invierno?
Mi inconsciencia, de pie tras la ventana, acaricia la madera que envejece suavemente.
Ahora es la tarde y un sol evanescente visita uno a uno los parches asimétricos de hierba, en un juego de saltos infinitos.
Me detengo en la pequeña herida roja que brilla discordante sobre mi mano izquierda:
Es una rosa abandonada que intenta perdurar entre la nieve.

No hay nada, nada, más allá del tapiz susurrante de hiedras. Se lo repito con dureza a mi esperanza.
Me aprieto el corazón, hace calor, el aire está viciado y ella aún gira sobre las puntas de sus leves pies.
¡Detente! Abandona de una vez esa estúpida alegría.
¿Acaso no te sirven los ojos, los sentidos todos, no atina tu alma a despertar?

Se me permite sentir las sensaciones de a una cada vez; dejar que me recorran como hormigas que toman por asalto una colmena en la siesta distraída.

Alguien desprende con ternura mis dedos fundidos en líquidos cristales y cierra la ventana en completo silencio.
Alguien camina por la habitación sobre alfombras vivientes que se alimentan del eco de los pasos.
Alguien me arropa entre mortajas en hueco lecho de absoluto vacío.

Sobre mi rostro ardiente, una frescura esférica, restringida, increíblemente sutil se posa con la inconsistencia de una pluma.
Nadie escucha, nadie podría adivinar lo que sucede en este instante.

Este beso alado ha conseguido atravesar los confines de mi prisión terrena, este beso tuyo anida un sueño dentro de mis sueños.

Publicado la semana 5. 02/02/2019
Etiquetas
Hauser - Adagio , sueños , Leer cerca del agua, una tarde, si es posible en verano , sueños, memoria, relato onírico, tarde, música, sol, prosa poética
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