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Marvin Six

Mar de la Noche

Camino por un lugar oscuro y silencioso. Hay árboles. Sus altas copas me hacen pensar que el cielo está hecho de ramas y sombras que se mueven. Y lo más inmediato son las zarzas. Cuerdas fósiles que todo lo enganchan, todo lo rasgan, todo lo entorpecen. Es muy difícil desplazarse sin acopiar hitos en un mapa de heridas y de rabia. Me detengo a pensar y más adelante veo brillar el camino con una blanca luz. Hay un túnel de ramas retorcidas bajo el cual la hierba es como plata resplandeciente. Es un claro  iluminado por la luna y me atrae como un encantamiento.

He llegado guiándome por un sonido de caverna sin fondo. En mi mente se cruzan imágenes, veo un coro de ancianas transparentes entonando una canción muy triste, melodiosa y salada.
A las puertas del bosque de zarzas hay una playa inmensa, sus límites azules se esfuman en borrones de nada. Es un lugar perdido, salpicado de rocas altas que custodian las olas. La playa se abre y se cierra como una boca inmensa. Mientras observo, tengo la certeza de que el lugar no es real, es un espejismo.
Camino por la arena, hundo mis pies en ella: está tibia y mojada, se escurre debajo de mis plantas y avanzo hacia las aguas cadenciosas en estado de trance; debo llegar lo más lejos que pueda, venciendo este letargo que siento que me inunda.
A lo lejos, entre las izquierdas brumas desde donde llegaban las canciones, ahora se perfilan unos barcos. Serán galeones de podridas maderas, imagino, porque en el aire azul grisáceo de la noche ondean jirones de banderas.

Y me encuentro de pie en medio de las olas, la presión del agua no logra sacudirme pero en cambio, dejo de respirar. Ya no queda ni el rastro del aire áspero y húmedo en mis pulmones. Mis ojos arden y están secos y mi piel parece incandescente. Sin saber porqué, giro. Busco la luna aunque ya no quedan rastros de su pálida esfera. Y si no era por ella que refulgían los granos de la arena, las rocas y la hierba, ¿porqué todo está centelleando?

Ahora, el agua pesa más que una maldición. Debajo de sus infinitas capas hay tormentas de aceite que reemplazan los bosques. Quién sabe con qué pueda encontrarme cada vez que dé vueltas a un recodo. ¿Dar vueltas? Pero por dónde, pienso, si no hay rectas ni curvas bajo el mar, es un inmenso llano con trampas profundas a donde la luz no llega.

Desde que soy un pez, he perdido mis oídos y esta nueva  soledad  me desconcierta. En  toda la extensión de mis escamas puedo sentir la caricia de las corrientes frías. Escapo, huyo de algo que no veo ni conozco y mi mente que permanece fuera de los sueños me advierte que los peces no saben de rimas ni de cálculos, existen para ser como un reflejo, son instantes.

Otra vez en la playa, el mar se ha retirado. Sobre unas piedras planas conversan las mujeres, en un murmullo que llega, se amplía y luego se pierde como lo hace la espuma de las olas. Me pregunto si deseo ir hacia ellas o ascender. Siento dentro de mí un tumulto provocado por la expectante cercanía de la aurora.
La hora se vuelve verde, profundamente oscura. Y mis estrellas parpadeantes se diluyen. He sido un resplandor, he sido un pez, he sido materia de la noche y voy perdiendo la forma rumorosa. ¿Brillo aún?
Hay luz alrededor y he despertado.

 

 

Publicado la semana 1. 02/01/2019
Etiquetas
Goëtia - Dark Magic Music , sueños , Con una linterna, dentro de un armario , luna, barcos espectrales, playa solitaria, mar nocturno, bosque oscuro, relato onírico
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