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Lilueth

Quedarse

Domingo, 3:57 p.m. del día previo al viaje. Recorrer esas millas en el alma significaba regresar, volver de ninguna parte y dirigirse a la nada. No hubo descanso, no hubo treguas ni fiestas, quizá y ni siquiera ausencias.
Se tenían, se pertenecían momentáneamente y a la sombra, dar un paso al sol oscurecería lo que quedaba de su piel, intacta ante el dolor y el asombro, las brasas podían carcomer todo a su paso, pero no sus ojos, sus lenguas y sus trazos. 
El corazón carbonizado de un cerebro de más presente, razón encarnada de huesos, lamentos enceguecedores, angustia ávida de vida, de sueños ajenos, alimentada por la llama fulgorosa del desasosiego.
Moverse, avanzar, retroceder, refugiarse. Sus brazos, sus piernas, esas su puerto seguro ante la angustia. Sus ojos, caricia amena a su respiración. Latidos propios, suyos, razón amable en batalla, hogar ardiente del desespero que viene y va, viene y va.

Publicado la semana 28. 14/07/2019
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No ficción
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I
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