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Lilueth

Sogas

Nunca he sabido quedarme y a mis espaldas me volví una afamada escapista. 

Sus huesos, aquellos, de aquí y de allá. Recovecos donde el alma apenas quiere aparecer o dar medio paso.

Tu boca, esa mortaja que me envuelve y que me encaja, prisión ausente que me libera beso a beso.

Mis pies, armas hirientes del olvido que ya sin trabajo no temen marchar, pero que aman rodear tu cintura.

El sexo puro, tu deseo encarnado, mi mente inconstante; nuestra trampa.

Hubiera querido que esas cuerdas que amarraban mis manos ataran mi alma, pero tú la agarraste, la amaste y la salvaste un orgasmo a la vez.

Publicado la semana 27. 03/07/2019
Etiquetas
Amor, Pareja, Sexo
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Género
Poesía
Año
I
Semana
27
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