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Jueves

Dulce Juana

Un poco de tango para las noches en que la armonía cuesta caro. No hay película de amor que encaje con su historia tan peculiar y nefasta, ni las de Hollywood ni aquellas que tienen fama de ser las más realistas (¿o irrealistas?) quizás porque en realidad no fue una historia de amor. Las fórmulas del olvido no funcionaban los domingos por la noche. Si le dieran la opción de revivir algún momento y hacer las cosas de nuevo, ¿hubieran sido como ella lo deseó una  vez? Mas los impostores se ríen de su inocente deseo.

Imposible… Quimérico…  Irrealizable…

La crueldad de los días que pasaron se notaba en su cara. Cuán quebrantable resultan las ilusiones en medio de tanto gris. Si tan sólo hubiera aprendido un poco más de esos libros que hablaban del olvido...           

Volvió a su casa después de otro día en el banco, a sentarse junto a la estufa luego de cenar abundantemente y con prisa mientras miraba el noticiero.

            Algunos podían vivir en un idilio permanentemente. Juana no, tenía que trabajar para esos billetes que se fueron en el potecito de helado de chocolate y ananá, para los que irían a pagar la renta, los que se destinarían a ropa qué gastado está este jean, para los que se perderían en el supermercado cuánto aumentó todo, los que se volarían el fin de semana en el restaurante de siempre y en unas cuántas copas, otros para un disco nuevo de fletwood mac por favor y así…

            Todo tiempo pasado fue mejor sin duda.  Con Cristian pensaban que serían los  mejores poetas de la época, llenaron hojas con versos y ahora llenaban otra clase de papeles en el banco.

            Ella amaba las rosas, sobre todo si estaban marchitas y entre hojas de libros viejos que hablaran de Sócrates y Aristófanes.

            Amaba las noches en las que Cristian la esperaba con una copa de vino y tres rosas siempre eran tres para charlar sobre la jornada, perpetuamente fatigosa.

            Cristian ya no se sentaría frente a ella en la mesita  barnizada. Pero si estaría siempre errando remoto, estoico entre los espasmos del turbulento y rizado océano de los  pensamientos nocturnos de Juana.

Cada día fue tan distinto al otro desde entonces, no obstante, no hubo ninguno en el que no haya dejado de pensar en él. Entre su mirada la gente pasaba ciega con rumbos teñidos de azul, él no estaba, la verdad ya no le importaba. Mejor le contaría a las páginas de su cuaderno de alguna hostilidad confinada, para  remendar su orgullo e hilvanar su soberbia y olvidar… Olvidar un par de ojos negros a los que amó y representar el papel de todos los días como lo sabía hacer.

Publicado la semana 41. 07/10/2019
Etiquetas
Sweet Jane-The Velvet Underground
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Género
Relato
Año
I
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