39
Jueves

Embestida final

Los filisteos no tardaron. En cambio, fue su ejército el que se atrasó. Suplicó que el presagio que había escuchado ayer no se cumplieran, el asunto es que no sabía a quién rogarle.

 Los primeros ríos rojos de la mañana empezaban a correr por los pedruscos. Detrás de unas arboledas  estaban sus hijos, fuertes, peleando a la par de los leales soldados.

Hubiera sido más fácil rendirse mucho antes, no ante esos filisteos, sino ante el joven enemigo, cuya figura levantó el odio que lo había envenenado hasta el fin de sus días.

No pudo. El más Grande no estaba de su lado sino que se inclinó hacia el otro, a quien nada le causaría mal aunque lo planificara con suma cautela.

El espíritu que lo atormentó en los últimos años había tomado forma corpórea y lo veía rondando, sonriéndole, provocándole. Pensó si debía luchar por su pueblo, como el rey que una vez había sido, como el que a alguna vez lo habían ungido con aceite; o mejor sería abandonar todo y por fin arrepentirse de su miseria.

Los hombres que venían del Egeo se habían acostumbrado a las luchas, no les costaba nada avanzar e invadir una y otra vez. Algunos temerosos huyeron por el cerro Gelboe, pero de todas maneras murieron dolorosamente. 

Él ya no tenía fuerzas, apenas podría esconderse, mas no dar vuelta esa ofensiva que se había perdido hace mucho. Buscó a sus hijos con la mirada  para  ver cómo los tres perecían, uno a uno, ante las manos de los filisteos.

En eso estaba cuando sintió que su espalda ardía. Le había alcanzado una flecha.

Le pidió al escudero que lo traspasara, habría soportado el peso de la acometida, de la derrota de su pueblo, la muerte de sus hijos, mas no ya no podría soportar la burla de aquellos que estaban arrasando con todo a su paso.

El escudero temblaba y no decía nada. Entonces tomó su espada y dio fin a sus tristes días.

Los más valientes  de Jabes de Galaad sepultarían su cuerpo y el de sus hijos. También ayunarían por siete días y ya nadie hablaría de él, ni de sus victorias ni de sus fracasos ¿quién podría juzgarlo sino quien le había dado y le había quitado todo?

Publicado la semana 39. 25/09/2019
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
39
Ranking
0 48 0