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Jueves

La isla de los dioses

Frejh se escondió en el fondo del arroyo el año que  vinieron los centauros cargados con lanzas y puñales, volteando y arremetiendo todo a su paso, ahuyentando a los animales. Arruinados quedaron los castillos de barro, que se elevaban en su tiempo de esplendor hasta las nubes ufanas que se endurecían para que la estrella más brillante bajara cuando lo deseara. Detrás de los centauros venían los hombres de cal, altísimos y pesados, dejando huellas gigantescas. En algunas se formaban salinas, en otras lagunas.

Tomaron a los dioses de la isla por los brazos y los encerraron en una jaula que arrojaron al mar, ahora pretendían la adoración de los pequeños habitantes de las selvas.

Frejh salió después de doscientos años. Se le acercó a las lavanderas que enjuagaban las ropas de lino en el arroyo. Salieron corriendo cuando la vieron.

Se agachó para ve su reflejo. La cara se había deformado por estar tanto tiempo apoyada entre las rocas y la corriente de agua. Se ocultó en una cueva y le habló desde ahí a un alfarero que había ido a buscar un poco de arcilla. Le pidió que le hiciera una máscara de barro, para disimular su cara desfigurada. El alfarero lo hizo y se la colocó con cuidado. En agradecimiento, acrecentó su talento y se convirtió en el más sobresaliente artesano de la isla. A cambio debía llevarle las  raíces de un árbol que estaba en la punta de la montaña más alta, cerca de un volcán, así se alimentaba. Pero el alfarero nunca cumplió con su ofrenda, provocando la ira de Frejh, quien secó los arroyos en los que había estado oculta tantos años, haciendo que la gente muriera de sed de a poco, pues el agua que rodeaba la isla no les servía para sobrevivir.

El alfarero subió a lo alto del cerro tan rápido como pudo, pero al llegar tropezó con una piedra y cayó al volcán.

Ahora no podrían darle la ofrenda a la diosa Frejh. El hijo del alfarero al ver su ira fue a la cueva en la que se ocultaba y tomando una piedra la arrojó a su cara, rompiendo la máscara que su padre había hecho y dejando al descubierto su deformidad. Frejh se encolerizó aun más, lo que hizo que su cuerpo se derritiera de a poco, porque los cuerpos de los dioses eran frágiles de los que los mortales creen.

Frejh pereció como los otros, mas la isla se terminó de secar y ahora es este pedazo de tierra que flota en medio del mar. Los habitantes se fueron todos en canoas de vidrio hacia el oeste. No obstante me gusta venir a pasear por los alrededores y arrojar a mis víctimas para que se ahoguen en las orillas de la isla, así los dioses pueden tomar sus cuerpos y sobresalir a la superficie, si logro darle esa ofrenda a todos, me prometieron una serie de privilegios que no puedo desperdiciar, y con estas palabras mis tripulantes, les anuncio el fin de su travesía y también de sus días.

Publicado la semana 28. 09/07/2019
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