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Jueves

Ab aeterno

Prendió otra vela y esperó que el mar se calmara. Miró por las ventanitas del barco rústico el horizonte que parecía salido de una pintura. Esas que mostraban la furia de Poseidón y hacía que las aguas se arquearan para envolver a los incrédulos.

De a poco parecía que la tormenta había pasado, entonces se desanimó un poco y dio un suspiro.

Los cuerpos de los marineros empezaban a flotar, los otros barcos estaban destrozados y se hundirían lo que quedaba de aquellos. En décadas no había habido una tormenta de tal envergadura. Si el recordaba todo lo que pasaba antes sus ojos.

La única embarcación que continuaba la marcha era la suya, la más pequeña y deteriorada, con banderas rotas.

 En el fondo hubiera deseado que se rompiera el barco y sus aguas lo tragaran, arrastrándolo a los fondos abismales. El don de la vida eterna ya no le divertía, maldijo el día en que ayudó  al Gran Escarabajo a desenredarse de esa serpiente, ojala hubiera pedido otra cosa como recompensa, oro, un reino, y no ese mal del que se sufría, llamado inmortalidad.

Publicado la semana 26. 24/06/2019
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I
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