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La mosca en el ojo

Nuevo texto CUANDO DESCUBRES LO QUE TIENES EN LA PUNTA DE TU TENEDOR

Los yonquis caminan deprisa. Los marroneros aprietan un mechero en el puño ―para ganar peso― lleno de anillos de oro. Oro de cortantes finales. Los marroneros se aseguran así un puño americano improvisado y completamente dentro de la ley; la poli no puede acusarte de nada por llevar joyas y un mechero.

Los yonquis caminan deprisa, es el comienzo de todos sus problemas: la mierda en el pantalón que te salpica a toda velocidad, hacia tu cara.

La vida es aburrida si vas a comprar droga y no eres nieto de un Zahorí y criador de cerdos: cerdos gordos y peligrosos con dientes torcidos. Saco el lápiz del bolsillo, como una varita de zahorí improvisada, como un arma de autodefensa entre los dedos, como los puños americanos de los chicos marroneros... Los yonquis caminan deprisa porque tienen mucho más frío por dentro que por fuera, porque les gusta sentir frío para poder meterse droga. Algo parecido decía el viejo tío Lee. Y de eso se trata todo: de mamadas. Me lo voy a montar con el cadáver de Burroughs delante de todos vosotros y ya os tengo en mi esfera, nenos. Porque todos lo sabéis: nadie ha pisado donde el viejo tío Lee: todos seguimos sus consejos y fuimos engañados por el hombre con dedos de batracio. Divago durante unas caladas mientras mi lápiz, mi Standle Norris nº2 bien afilado como el aguijón de una avispa... Vibra. Si la vara de zahorí vibra quiere decir que el zahorí está vibrando. La puta droga que me lleva hasta el centro de la colmena.

Se trata de una serie de edificios con la pintura vieja color todos los inquilinos tenemos problemas con la justicia..., a alguien metido en la colmena, un camello plan B: rémoras sin dientes que hacen su trabajo a cambio de unas papelinas. La heroína cada vez es más barata y escasa: leyes del mercado. Un ladrón, dos, tres, los cuatro hermanos metiendo mano a las pertenencias de los que ellos consideran pijos en medio del alcohol y los decibelios del club que aumenta la sensación de melopea. Todos roban, trapichean, venden directamente desde su dormitorio en una planta baja a través de la ventana: una mano que sale a la calle, saca una pequeña bolsa verde ―un recorte de una bolsa de carnicería―, y mete un billete de 20 euros... Los camellos siempre detrás de la casquería... Los camellos siempre detrás aunque a los profanos les parezca que no porque son los consumidores los que se desplazan, pero no hacen más que caer en la trampa del camello. Éste aplicando distancia y quietud de insecto teje una telaraña que pone a vibrar todas las varitas de zahorí: EXPLOTANDO RECURSOS AJENOS SL ha abierto supermercados que ofrecen baja calidad para suministrar a la caravana continua de yonquis (a los que les puede vibrar la punta de un paraguas recién comprado o un dedo vendado sostenido por una férula) que se arrastra deprisa hasta la colmena. Yo soy uno de ellos, me sorprendo caminando deprisa y con manchas en el pantalón. Cuando la colmena te engulle abandonas todas tus voliciones: sales de allí con tu droga y la sonrisa contenida. Todos los vecinos que te cruzas saben qué haces allí, de dónde vienes con tu sonrisa gilipollas. A lo mejor, este último, es de los pocos que no colaboran con la colmena y te mira, te juzga con superioridad moral... Tal vez su hijo no pueda hacer lo mismo. Tal vez te culpe de la situación de su hijo. He ocultado mis gafas de sol de marca y mi varita de zahorí, no siempre lo hago. Pienso en el hijo explotado por la colmena y sonrío como un gilipollas. Huyo de allí sabiendo que solo soy bienvenido porque soy un cliente del Señor Israel, el tejedor principal. Su telaraña es magnífica, Israel es el que más distancia y quietud de insecto mantiene, es el pez gordo, el dueño de la telaraña, la Reina de la colmena.

Me creerían un desertor o un chivato si no fuera porque saben que estoy loco, cualquier información vertida en la colmena llega a oídos de la Reina sí o sí, tarde o temprano. La Reina cuida de los suyos y llama gilipollas a los polis a la cara o a 150 metros. Me creerían un chivato porque de vez en cuando desaparezco, me ingresan-me ingreso en una unidad de agudos, de allí o al ACLAD directamente o a hospitalización domiciliaria, sé de lo que hablo, y de nuevo al ACLAD, te dan por imposible y te sugieren el inyectable cada 28 días. Son dos viales de 300 mg cada uno: demasiado líquido para el deltoides así que te lo chutan en el glúteo: drogas de la calle o del psiquiatra: yo soy un yonqui, elijo ambas.

¡Joder! ¡Yonquis tensos y excesivamente perfumados que no respetan el orden de llegada! Pues en el ACLAD alguien que acompaña a su hermano te ve y lo suelta en la colmena. La Reina se entera tarde o temprano. El Señor Israel sabe más de tu vida que tu madre, porque eres una de sus criaturas. En 9 años de dejarse engullir por la colmena cada 2 semanas, cada semana de miércoles a lunes, ha conseguido que todos esos vectores que te salen del pecho, los hombros y el estómago apunten a la colmena: a su centro donde tiene el bar.

Entro en el bar y los hijos marroneros del Señor Israel, los príncipes de la colmena, comentan historias de peleas en bares, de robos de botellas de whisky aprovechando el altercado, de que uno de ellos seguía desafinando en el karaoke como antes de que todo estallara.

Están jugando al parchís hardcore (esto es país distinto, Galicia) mientras comenta la jugada. Entro y saludo a los príncipes... Cuando salgo de allí ya tengo mi especia en el bolsillo: guardo la varita de zahorí más tranquilo y camino de prisa como un yonqui de vuelta a su agujero. Pienso en mi abuelo y su habilidad como zahorí, pienso en que el talento a suele saltarse una generación, pienso en padre, en su vida... Y en la envidia que siempre trató de ocultar porque conocía la costumbre recesiva del talento de su propio padre.

Ya en mi agujero mis dedos se mueven solos porque conocen la pauta de la especia (arrastro el hábito desde la adolescencia y ahora soy un viejo), mis dedos piensan por mí el siguiente movimiento: le doy calor, oxígeno y combustible. El pan de cada puto día. Aspiro esos vapores de combustión de especia... Y despego.

Publicado la semana 1. 02/01/2019
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El viejo tío Lee
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