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La coleccionista de colores

Pulgas

Mucho se especuló durante años sobre cómo sería el colapso de la civilización tal y como la conocemos. Que si una guerra mundial atómica, que si la caída de un meteorito, que si un desastre natural de proporciones bíblicas, que si una enfermedad que nos convierte en zombies amén de otras teorías que vaticinaban un desastre apocalíptico en pocas semanas, pero nadie se imaginaba que iba a ser una cadena de pequeños desastres a lo largo de años y una serie de errores humanos la que desataría el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Escribo esto mientras espero que todo termine para mí, entre picores y otras molestias, porque quiero dejar constancia de lo que ocurrió para que las generaciones venideras (seguramente desde otros mundos), dentro de miles o millones de años, comprendan qué pasó. Siempre hemos especulado sobre la suerte que corrieron civilizaciones desaparecidas, así que espero que este documento se encuentre, aunque siendo optimistas, esto será como encontrar la aguja perdida en el pajar mundial.

Ha habido quien ha visto en estos acontecimientos un reflejo a escala mundial y modernizado de las plagas bíblicas de Egipto. Yo no creo que haya una mano divina detrás de esto, más bien nuestra torpeza como especie dominante y ambición malsana de unos pocos. Todo empezó con una sequía brutal que implicó a todos los continentes y que se alargó en el tiempo durante varios años dejando países enteros desertificados. Despreciar o ignorar las posibles consecuencias del calentamiento global es lo que tiene, los más ricos pensaron que no les afectaría y no hicieron nada para evitarlo hasta que fue demasiado tarde. Aunque algunos gobiernos usaron desaladoras, éstas sólo daban para abastecer a una población sedienta, por lo que no se destinó apenas nada a mantener a las plantas ni a los animales, que murieron poco a poco, causando una hambruna mundial que no distinguía entre países del primer o tercer mundo. Después llegaron las lluvias torrenciales que arrasaron con la tierra seca y ávida de agua, que sin plantas fue incapaz de retener el agua y llegó en forma de lodos espesos a los mares y océanos. Éstos últimos, recalentados por la sequía y explotados por las desaladoras durante años, eran cementerios marinos donde poco era capaz de sobrevivir. A estas inundaciones le siguieron todo tipo de enfermedades que se asocian con las aguas estancadas y el calor. Pero lo peor estaba por venir. A estas alturas, la población mundial humana había descendido drásticamente, quedando menos de un tercio de la que había en 2020, pero subsistían aún cerca de los polos que habían ido deshaciéndose poco a poco, liberando todo tipo de elementos desconocidos retenidos por los hielos eternos durante miles de años, aunque la humanidad estaba tan ocupada intentando sobrevivir que nadie evaluó correctamente las amenazas que estaban siendo liberadas.

Y entonces fue cuando se desató la debacle final para nuestra raza. Por muchos era sabido que cada verano en Alaska hay nubes de mosquitos ávidos de sangre, pero a estas alturas nadie cayó en la cuenta de que ese fenómeno podría repetirse a lo largo y ancho de lo que quedaba de tierra habitable y de lo que podía implicar. Y sucedió. No sólo fueron mosquitos, también hubo una plaga de pulgas. Y las pulgas fueron las causantes de la propagación de todo tipo de enfermedades, las conocidas hasta entonces, más otras provocadas por aquellos elementos hasta entonces atrapados en los hielos.

Actualmente malvivimos unas 200 personas en todo el mundo. El efecto invernadero tardará siglos en revertirse, junto con la radiación nuclear en distintos puntos del globo terráqueo, ya que en los primeros años de sequía hubo accidentes nucleares debido a la escasez de distintos materiales y posteriormente también humano para mantener las plantas energéticas, por lo que aunque fuéramos capaces, no podríamos reconquistar la tierra durante los próximos 500 años por lo menos.

Así que aquí estamos, esperando el final de nuestros días, más pendientes de la picadura de un mosquito o de una pulga, que de comer o reproducirnos. Yo me he contado ya tres picaduras de pulga, tengo fiebre y no consigo que baje. No tenemos apenas medicamentos y muchos caducaron hace años. Todavía me pregunto si lo que vivimos actualmente no es más que un déjà vu de lo que una vez pudo pasar en Marte. Si hubiera sido capaz de descifrar el mensaje que encontró la sonda, lo mismo podría haberse evitado esta catástrofe mundial. La superficie de Tierra se parece cada vez más a la de Marte.

Publicado la semana 8. 18/02/2019
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