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Kuddel

Haciendo tiempo

Ya hacía unos minutos que había dejado de llover. Un coche gris pasó rápido, generando una ola en el agua de la calle que aún no había escurrido. Yo, que caminaba distraído muy pegado al cordón de la vereda, de pronto me vi chorreando agua de pies a cabeza al ritmo que el auto se alejaba. Una mujer que venía en sentido contrario al mío también fue víctima de la marea callejera. Nos miramos hermanados por el mal momento. Era la culminación de un día espantoso, o al menos eso creí. Pero aún había otra sorpresa. Al avanzar por la vereda, empapado, vi a un hombre mayor, canoso, con una espesa barba blanca parado en la puerta de mi casa. En principio no me preocupé, supuse que estaba a resguardo de la lluvia y que cuando yo abriera la puerta se iría. Su ropa parecía vieja, algo sucia y raída. Lo ví cómo distraído, ido, mirando hacia todos lados sin buscar algo específico. No se inmutó cuando me paré a su lado y diciendo un antipático “permiso” traté de apartarlo. Se quedó allí y me miró de pies a cabeza sin dejar su lugar. Ya fastidiado lo interrogué:

-¿Qué está haciendo aquí?

+Yo...yo… Estoy haciendo tiempo…

-Bien, vaya a hacerlo a otro lado,  muévase.

+Pero, perdón yo le quería mostrar…

-¿Qué cosa?¿Eso que trae en la mano?

+Es lo que le quería mostrar. Es la máquina. Estoy haciendo tiempo, estoy fabricando tiempo…

Torcí la boca pensando “que bien, un delirante” pero estaba intrigado por la pequeña caja en su mano. Pensé que no me haría mal echar un vistazo, quizás su “máquina” me arranque una sonrisa y me distraiga al menos un rato.

-Muéstreme entonces, a ver.

Me acercó su mano y en ella tenía una pequeña caja de madera con tapa, de un tamaño similar a la caja dónde vienen los anillos. La madera estaba gastada, opaca, y parecía haber estado barnizada años atrás. Al levantar la tapa se veía dentro de ella una perilla redonda, en el centro. También estaba gastada y emitía el sonido de un mecanismo girando dentro.

+Su funcionamiento es sencillo: usted gira hacia la izquierda una vuelta entera y habrá fabricado un día más- y cerró la caja.

-¿Sólo uno? Sería mejor darle más vueltas y no preocuparse de darle cuerda al universo por bastantes años- dije risueño.

+¡No, jamás! Es imperioso hacerlo día a día. El paso normal del tiempo podría verse alterado si se gira más de una vuelta.

-Bueno, está bien. ¿Y si giro hacia el otro lado?

+No se lo recomiendo. Volvería todo hacia atrás, y el tiempo no debe volver hacia atrás.

-Eso quiero verlo, hagamos la prueba.

El viejo, que me veía incrédulo, movió la cabeza como negándose. Finalmente, me miró y volvió a abrir la caja.

+Todo sea por demostrar que no miento.

Tomó la perilla y la movió sólo unos milímetros a la derecha. Sentí un escalofrío y el viejo me hizo señas para que mire a la calle. En ese exacto momento pasó el auto gris levantando agua y mojando esta vez solamente a la señora. Me asusté: el tiempo había vuelto hacia atrás, unos pocos instantes, pero había regresado. Aterrado, quise explicaciones

-Pero ¿Por qué a mí? ¿Por qué vino hasta mi casa?

+Lo elegí porque sé que usted es un hombre justo. O al menos trata de ser lo más equitativo posible. Y tengo confianza en que cumplirá con esta labor en forma correcta. Además no le impide seguir con sus actividades diarias. De hecho sigo siendo lo que siempre fui, caballero de la reina en grandes batallas.

-Pero eso no existe más, ya no hay caballeros de los reyes ni batallas de las antiguas- dije con un temblor en la voz.

+Lo sé. Mientras posea la máquina, usted será inmortal. Yo lo soy, pero ya no más. Estoy muy cansado y mi ciclo se cumplió. Estoy vagando hace mucho para dar con usted. Solamente tiene una oportunidad de aceptar.

El miedo se apoderó de mí. No podía tomar esa responsabilidad, era demasiado. Me negué rotundamente. Vi en el rostro del anciano una sombra de desilusión. Se lamentó pero dijo entender mi postura. Comenzó a alejarse a paso lento. Yo entré a mi casa y cuando encendí la luz las ideas cruzaron mi mente: ¿ y si el viejo no encontraba nadie? Es más, ¿Qué sucedería si encontraba a alguien y esa persona usase la máquina en beneficio propio? El universo estaría en peligro. No podía permitirlo. Salí corriendo sin cerrar la puerta. Le di alcance justo en la plaza, a pocos metros de casa. Le pedí que me dé la máquina. Se negó y me recordó que sólo había una oportunidad.

+Usted se ha descartado, ya nada puedo hacer.

-¡No voy a poner en peligro al mundo!

Me arrojé sobre él y forcejeamos. Logré derribarlo pero aún no soltaba la caja. Encontré un adoquín partido en el suelo y decidí golpearlo con eso. Después de todo el viejo deseaba morir. Le di un golpe que lo hizo sangrar. Herido y todo, se negaba a soltar la caja. Cuando levanté el brazo para asestarle otro golpe lo ví abrir la caja con una mano. De repente me sentí agotado, con mucho sueño, un cansancio incontrolable que me hizo desvanecer. Supongo que habrán sido unos minutos hasta que desperté. El viejo ya no está y el adoquín sigue en el piso. Lo extraño es que me cuesta incorporarme y pararme derecho: debo ayudarme con un árbol de la plaza. Me aferro a él con unas manos arrugadas. Mi reflejo en el vidrio de un auto me devuelve a un anciano encorvado, muy desmejorado. Voy a volver a casa lo más rápido que mis ancianos pasos me permitan porque, si mal no recuerdo, dejé la puerta abierta.

Publicado la semana 20. 13/05/2019
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