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Kuddel

Obra en construcción

José despertó sobresaltado. A pesar de la densa humareda no había olor a quemado. En pocos segundos entendió que no era humo sino polvillo. Y cuando la nube de cal y tierra se disipó, vio que le faltaba una pared. Alguien, José no sabía quién, había derrumbado la división entre su dormitorio y el comedor. No había sido prolijo, de hecho aún había algunos ladrillos pegados que desafiaban a la gravedad. Es necesario decirlo, no era la primera vez que le sucedía. Aunque no estaba seguro, el dueño de casa tenía sospechas sobre quién era responsable. Para él no era algo natural o fortuito. Un detalle en particular lo convencía: casi no había escombros. Y si no hay escombros es porque alguien se los lleva. No sabía quién podía ser pero estaba seguro, además, que no era casual. Las otras veces que le había sucedido tanto como esta vez habían sido precedidas por temblores. Estos generaron grietas, profundas rajaduras en sus paredes y techos que eran aprovechadas por este ladrón de ladrillos.

No sabía José cuánto tiempo había pasado pero fue un largo rato el que estuvo sentado, reflexionando. Cuando se hubo decidido, de levantó, dispuesto a volver a poner ladrillos. Fue a comprar los materiales, y se tomó todo el día para reconstruir su pared. La hizo idéntica a cómo era antes del derrumbe. Siempre hacía lo mismo, no cambiaba ni siquiera la cantidad de cemento utilizada. Por la noche se acostó y durmió inquieto, con miedo. A la mañana siguiente la pared seguía allí. Aliviado se fue a trabajar. Ese día sus quehaceres le exigieron andar las calles durante gran parte del día. Al principio no lo notó, pero todo el día hubo temblores. Los más fuertes fueron tres: en una plaza, cuando una chica escribió un poema en un monumento, y justo antes de huir del cuidador, miró a José con unos ojos que lo dejaron paralizado. En ese estupor solo podía respirar y sentir el temblor. Luego vio una casa con jardín de rosas en el frente. De un rosal muy pequeño crecía una rama larga, delgada y de ella brotaba una rosa de un color salmón. Pero la rama era tan larga que se metió justo dentro de un canasto de esos para colocar las bolsas con residuos. Desde afuera se veía una bellísima rosa enjaulada, mientras todo temblaba. Y finalmente, mientras volvía a su casa, la visión de la luna surgiendo enorme y triunfante desde el río, y minutos después la imagen del agua reflejando la inmensa luz, creando así un cielo de dos lunas, inició el último temblor del día. Inquieto, José supo que algo iba a suceder. Se acostó pero no pudo dormir nada bien. Cuando llegó la hora de ir a trabajar, escribió una nota que decía:” por favor, haga una ventana”. Anduvo todo el día preocupado, pensando si el desastre lo esperaría a su regreso. Cuando volvió no sólo faltaba la pared que había reconstruido sino que también la del baño y la cocina. Sobre la mesa llena de polvo estaba la nota y debajo de sus letras alguien escribió “bueno”. Fue allí que notó la ventana perfectamente colocada en el techo.

Pasó todo el fin de semana hasta que inició la reconstrucción. Esta vez no fue tan meticuloso. En una mezcla de furia y miedo recogió los ladrillos que alguna vez le habían sobrado, junto con piedras, maderas y con una mezcla de cemento bastante deplorable hizo las paredes. A pesar de lo robusto de los componentes, el resultado era una amalgama inestable y desequilibrada. El peso de la nueva construcción no hizo la casa más fuerte, si no que aceleró la aparición de grietas que como pequeñas manos de dedos largos comenzaron a dibujarse por todas partes de la casa. Abrumado José se encontró mirándose en el espejo, tratando de entender qué sucedía. Cuando también el espejo comenzó a quebrarse, el temblor se hizo presente. Fue un poco más largo de lo habitual y arrasó con todo. No quedó piedra sobre piedra, no había nada sano en esa pila de escombros. Después de un rato, las piedras se movieron y de allí surgió José. Se sacudió el polvo y una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro. Había comprendido todo. Ahora sólo restaba construir una casa distinta, completamente diferente.

Publicado la semana 16. 21/04/2019
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Violín
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