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Kuddel

El barco

Los pasos, apurados y pesados, retumbaron en las escaleras de madera. Un hombre flaco, un poco desaliñado, llegó a lo alto y abrió la puerta de repente y sin golpear. Entre agitado y asustado despachó su frase sin anuncios previos:- Capitán, ¡Nos hundimos!-. El silencio siguiente no era reflejaba la cara de los presentes. Las tres personas sentadas a la mesa abrieron grandes los ojos y se pusieron de pie sin saber muy bien que hacer. Un cuarto de quedó impasible y comenzó a mirar el mar a través de una ventana sucia. Este último era el más viejo de todos ellos y comenzó a hablar sin sorpresa en su voz:- Imaginé que esto iba a suceder-. El capitán miraba Por la ventana como si nada sucediese. Los otros aguardaban directivas mientras se impacientaban. Luego de largos minutos que parecieron años, el capitán comenzó a dar órdenes. Quizás no eran las esperadas, pero la tripulación confiaba en este hombre cansado que en otras crisis los había sacado Adelante con valentía y con mínimas pérdidas. Pero esta vez era muy diferente. Por primera vez el capitán no quería salvar la nave. Ordenó tomar lo indispensable y correr a los botes salvavidas. Nadie protestó, pero mientras hacían caso al hombre que los dirigía, se miraban entre ellos un poco incredulos, un poco decepcionados. Hubo quien sugirió al capitán un intento de reparación, pero fue rechazado con violenta amabilidad.

Cuando todo estuvo listo, vieron al comandante de la nave con una botella de ginebra que tenía un trapo en llamas dentro de ella. El capitán la arrojó a las velas y  todo comenzó a arder. Algunos de los tripulantes se petrificado, pero otros dejaron lo que habían rescatado en los botes y fueron a buscarlo. A pesar de su negativa, lo arrastraron y lo metieron en un bote. Cuando estaban a unos cien metros vieron la nave en llamas hundirse un poco más.

A pesar de que un capitán vivo de un barco hundido signifique un deshonor, la tripulación lo salvó por el inmenso aprecio u admiración que les inspiraba. Luego de un rato el barco se sumergió definitivamente en las aguas frías de la rutina. El capitán ahora navegaba rodeado de fieles tripulantes, recuerdos, sonidos e imágenes que aún están a la deriva. Quizás algún día lleguen dónde desean.

Publicado la semana 15. 14/04/2019
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El estruendo de la mar reventando contar el barco
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Relato
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