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Kuddel

Encuentro

Después de años, el poeta solitario accedió a recibirme. La leyenda era cierta: vivía en una biblioteca infinita, inmensa, interminable. La bibliotecaria me hizo pasar. Era un cuarto húmedo. No dijimos una palabra, pero supe que estaba ahí y él notó mi presencia. Nada le dije y él me respondió lo mismo. Cuando salía, me pidió que cierre la puerta. Obedecí agradecido, pues obtuve lo que había ido a buscar. Ser ciego me da otra perspectiva, supongo que al poeta solitario le sucede algo parecido.

Publicado la semana 14. 07/04/2019
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Relato
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I
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