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Justina Rios

¿Cómo se ha roto mi jardín de flores? ¿Dónde quedo mi paraíso?

Cuando llegamos a Coronel Pringles, corridos por la despiadada desocupación del Gobierno de De la Rúa, Habíamos vendido todo lo posible para subsistir y veníamos aquí por un trabajo que le habían prometido  a Carlos

  Era el 1º de julio de 1998, llegamos a ese gran  Partido que contaba con veintidós mil personas.  Una helada mañana donde nadie fue a esperarnos  a la terminal de ómnibus, todo estaba blanco y el frio te calaba los huesos, Sofía de un año dormía en mis brazos y Paula de cuatro, apenas podía sostenerse en pie por el sueño, eran las seis de la mañana.

 Luego de una olvidable estadía de una semana en la casa de algún pariente me entregan la casa  que alquile, a los diez días llegaron Diego y Carlos, con los pocos muebles que nos habían quedado. Ese invierno era por demás despiadado para nosotros, temperaturas bajo cero un viento constante que disminuía más la sensación térmica. Sentíamos como este se colaba por nuestros abrigos y el frio parecía agujas que se clavaban en el l cuerpo, También hubo días de un diáfano sol bañaba la hermosa ciudad, paraba de soplar el viento y podíamos caminar y conocerla, Llamaban la atención las veredas  que tenían árboles de almendros florecidos, derramando toda su  rosa  belleza ,yo quedaba impactada con su belleza.  La plaza central tiene rosales que rodean todo su perímetro, cuando florecen se pueden aprecias diferentes especies y aromas. La arquitectura es histórica “la gran obra del maestro Salamone, el Art Deco,”  una de las tantas que se hizo en el sureste de la Provincia de Buenos Aires. El imponente Palacio Municipal, las veredas bancas y grises con figuras geométricas rodeadas de tilos que en primavera perfumaban sus sombras. Todo tan limpio y ordenado que daba gusto verlo. Los palacetes italianos, los chalet franceses  y el boulevard con macetones y plantas de un verde continúo. Es hermosa la ciudad, y las afueras de la misma equiparaban su belleza con lo que la naturaleza había dotado a la región, campos, arboledas, lagos, arroyos, sierras, pedazo del paraíso seguramente. Una vez le dije a su autoridad suprema “es Hermosa, limpia, silenciosa y segura, me gusta para criar mis hijas”.

Luego de dos años conseguí trabajo en forma continua y pude respirar segura, pasaron algunos años más y comencé a ver los problemas que aquejaban esa comunidad, padres que violaban y embarazaban a sus hijas, asesinato de un niño de once años de la peor manera posible que degradaron  a la víctima  y su familia de todas las formas posible, y no fue nadie… actos de poderosos. Jóvenes que se ahorcaban, yo conté diez a lo largo de estos veintidós años, asesinatos porque no se morían y querían heredar, golpizas tremenda a la gente mayor para sacarle  el poco dinero que tenían, gente que perdió la humanidad por la droga y el alcohol. En el transcurso de estos veinte años se desvanecieron las expectativas de tranquilidad y seguridad, la ciudad sigue siendo antigua, ordenada, silenciosa y limpia y  yo me pregunto ¿Cómo se ha roto mi jardín de flores? ¿Dónde quedó mi paraíso?

Publicado la semana 9. 25/02/2019
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