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Justina Rios

Todas las formas en que te demostré que te amaba.

Estoy en la edad en la cual se te comienzan a morir los amigos, ya van cinco, otros se dejan estar esperando partir. La soledad que siempre fue mi compañera, me ha respetado no me había invadido nunca, primero por mis responsabilidades luego por mis proyectos, mantuve mi mente activa, y aleje el Alzhéimer, algunas personas  de mi edad ya no puede entenderme.

 Pero hoy me enfrentó, perdió el respeto; Y estoy sentada en un rincón de la habitación…  desde hace horas,  descalza y en pijama, he estado todo el día así, ¿Cuánto tiempo pasó? no lo recuerdo. Necesitaba pensar,  destilar esta sensación, dejar salir el dolor, entro la oscuridad por las ventanas, me  cubrió una noche fría sin luna. Leo tu último mensaje, no me asombra. Lloro con un llanto de triste emoción. Para vaciar mi corazón y mi mente. Ya lo he entendido, lo he ido asimilando en estos cuatro años, sabía que esto en algún momento iba a pasar, y hoy fue ese día.

Había encontrado cierto día y por casualidad un hombre que pensaba como yo en la distancian. los pensamientos y objetivo coincidían, no así el espacio y tiempo. Disparidad de edades y regiones hacían atractiva la consigna.

Dulcifico mis modos, limaba mis espinas con sus razonamientos y desarmabas mis argumentos con la complicidad de los mismos sueños, la historia y la filosofía, las tareas compartidas, lo que uno empezaba y otro terminaba, los lugares comunes, el saber exactamente a qué se refería uno en cada rama del conocimiento, uno necesitaba algo y el otro lo solucionaba “hacemos un buen dúo” decías, y me ilusionabas. Su “Aquí estoy” en vez de hola. Me hacía más próxima tu lejana presencia.. Ahora lo recuerdo. Más no me quería dar cuenta de lo pendular y cíclico que era esta relación. La comunicación se ha ido diluyendo se podía escuchas el silencio de radio.

Somos dos líneas paralelas, podemos estar infinitamente juntos,  nos vemos, nos observamos, seguimos el mismo camino, pero no nos cruzamos, no nos entrelazamos, no nos anudamos

Voy a decontruir este amor mental de ingeniería, si ese que fui armando con tus palabras, tus halagos, tus fotos, tus cuentos, tu Carrera tan igual a la mía, tus carreras, tus medallas, los libros, la literatura, tus cuentos  y los míos, tus viajes y las fotos. Si ese que yo arme y tú no negabas, por tu paciencia y caballerosidad, por educación, por falta de valor, o porque quizás era agradable saberte amado y lo dejaste crecer. No me decías no, no me decías si, solo dejabas que yo remontara vuelo. Desarmaré los muchos itinerarios de vacaciones y excursiones que jamás hicimos, pero que planeamos, las visitas a bibliotecas y museos, torres, cataratas y glaciales, viajes por las islas griegas, el Bósforo y Santa Sofía. Son algunas de todas las formas en que te demostré que te amaba.. Invalidaste mi último argumento. Tu contestación fue  “hay que llevarse bien con uno mismo, que es lo único que nos acompañará toda la vida”-  y por primera vez tu mensaje me sonó fuerte y claro. No te preocupe ya te entendí.  Tomaré  un gran trago de orgullo y otro de amor propio… y te diré con fuerza.

Cambio y fuera.

Publicado la semana 7. 11/02/2019
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