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Justina Rios

La noche de los zapatos.

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Quizás eran casi  los años 60, no quise preguntar, quiero guiarme por mi recuerdo. Mi mamá había comprado un terrero y una casa prefabricada, con mucho sacrificio y trabajo, casi no la veíamos.

Trabajaba en una fábrica en diferentes turnos  y luego era empleada doméstica en diferentes lugares. Teníamos que hacer ese desprendimiento para que alcanzara para pagar las cuotas de terreno y la casita, éramos cuatro, no se en que momento nos volvieron a juntar,  yo recuerdo que costaba mantenernos, la abuela “nos cuidaba” y siempre nos hacía sopa de avena. Pero sopa de avena de avena y agua caliente, así de bravo eran esos tiempos, un solo par de zapato ,dos mudas de ropa, agua y jabón.

la casita era linda estaba pintada de verde y el techo era de chapas negras, tenía una galería   separado con rejas de listones de maderas  cruzadas como rombos que recordaban las ventanas de Sherezahada, por donde trepaban las madreselvas y las salvias, la abuela regaba a la tarde y perfumaban dulcemente el ambiente.

En la misma cuadra estaban mis tíos con una casita parecida, era un barrio nuevo recién loteado, en una zona inhabitada del partido de Morón, a cinco cuadras de la ruta, única arteria de comunicación con los centros urbanos, pasaba un colectivo de media distancia  que aún hoy realiza el mismo recorrido el 153.

Mi tío y mi mamá habían conseguido trabajo en un sector industrial de Haedo, en diferentes fábricas. Mamá tenía “turno rotativo” decía, de mañana y de tarde, salían a las cuatro y cuarto para tomar el colectivo que pasaba entre cinco  menos veinte a menos cuarto de la mañana,  y a las dos de la tarde, siempre llegando de otro trabajo de algun lugar de Buenos Aires,para  reforzar el salario.

 Las calles eran  de tierra negra recién cortadas por las maquinas del municipio, no tenían luminaria más que la que le daba la luna y las casitas eran muy escasas. Después de la avenida Vergara salían dos diagonales muy pegadas, que cuando uno es nuevo se presta a confusión, más a las diez de la noche y sin luz.

 En la primeras semanas hubo algunos problemas, llovía incesantemente, como llueve en Buenos Aires, con esas sudestadas que no se cansan de largar agua sobre los mortales, mamá  bajaba del colectivo a las diez de la noche aproximadamente y entre la lluvia y la oscuridad equivoco el camino, caminaba por la otra diagonal entre el barro, camino las cinco cuadras y campo, siguió un poco más con dificultad, desorientada, asustada y  empapada. Había llovido tanto esos días  que ni hombres ni bestias recorrían esas soledades,  pensó “por aquí no es” y se dispuso a regresar a la ruta, para tomar la diagonal que si la llevaría a su casa.

La tierra que estaba cada vez más blanda y enterraba sus piernas en el barro, hasta que en esa continua lucha por sacar los pies para dar pasos hacia delante, perdió los zapatos, quedaron enterrados en el lodo, bajo el agua y en la más profunda oscuridad.

Esa noche la abuela esperaba ansiosa, y nosotros dormíamos  amontonados pero calentitos en una cama grande, limpia y seca. Mamá llego tarde,  más de las once y media de la noche, empapada de agua y barro, temblando. Se bañó se puso el camisón, tomo sopa y se metió en la cama, para recuperar el calor y descansar.

 A la otra mañana a las seis tomo unos mates, se vistió y se puso lo único que tenía  unas zapatillas que ya estaban en la categoría de chancletas, volvió a la diagonal maldita,  conto cinco cuadras y camino más  se arremango y metió los brazos  en un pozo, y nada en otro,tampoco, y luego más allá vio dos pozos llenos de agua , metió los brazos y con sus manos toco los zapatos, “¡Aquí están!” se dijo  y dio un fuerte tirón que la hizo caer al suelo entre el barro.

Volvió a casa, barro ella, barro los zapatos, Se bañó, diría que baño también los zapatos, los fue secando con toalla y con el fuego de la cocina, se cambió y peino y a las nueve de la mañana, con zapatos empapados, marcho a una casa para limpiar unas horas ante de entra "al trabajo". Así era ella, esa era mi madre.

 

Publicado la semana 6. 04/02/2019
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