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Justina Rios

Veinte recuerdo ante de los veinte. Cap. XIX

Una de esas mañana en Buenos Aires, luego de una noche calurosa y húmeda,  que  te la pasas andando porque no encuentras lugar fresco donde descansar. La ropa te quema y te dejas lo mínimo. Eso hacia yo, pantalones cortos remera con breteles, eran mi ropa de dormir. Pero las mañanas eran desastrosas, tenías que comenzar el día cansada y con sueño. Salí al patio bajo los árboles a tomar el aire fresco,  me senté al fondo, mis pelos parecían volados por el viento, todavía estaba dormida. Cuando alguien dijo “Buen día”” ¿ no sabes si esta Lola o Gerónimo?” trágame tierra, trágame ya. Era un impecable marinero, con uniforme y todo  y yo en ropa de dormir “No “grite y entre a la casa a arreglarme.  Quedo allí solo parado en la puerta del comedor,  de la casa del lado. Me prepare y no volví a salir, pero al rato vino Lola y me llamo, vestida y peinada, me dirigí a hacer frente al bochorno, “Graciela, te presento a Pedro”, ”mi sobrino”. “Encantado " dijo el  y yo roja cual tomate. “Hola” dije y  estire mi mano y él me dio un beso en la mejilla.

Volvió otras veces Pedro y hablamos mucho, pasaba largos meses sin venir y un día aparecía con su uniforme blanco,  fueron dos años en la marina era así.

Carlos era muy compañero mío. Siempre estábamos juntos a veces me decía “Sabes que dicen que vos y yo vamos a terminar casados” , “así” contestaba yo. El trataba de ayudarme a arreglar el patio, o un enchufe, siempre estaba en casa y quería hacer algo, un día tomando mate me dijo, “Sabes, Graciela, te tengo que contar algo,” y saco un sobe marrón  “Tengo un hijo” y me mostro una foto de un hermoso bebe, rubio como el, “yo andaba con Margarita y quedo embarazada” “me dijo que no me va a dejar casar con nadie”. Tenía diecisiete años recién cumplidos y ya era padre.

Mamá se caso con Raúl de un día para el otro y se fue de casa. Mis dolores de estómagos se agudizaron, cambie de escuela a medio año en cuarto, porque debía encontrar trabajo, no nos alcanzaba el dinero, mamá nos daba muy poco, el marido le controlaba el sueldo, hasta que dejo de trabajar, termine cuarto y entre en quinto, siempre devolviendo. A veces me daba atracones, pero la mayoría de las veces hasta el te me hacia doler el estomago. Termine con dieciocho años,  el secundario pero no conseguía trabajo

Entonces volvió Pedro ya había terminado su servicio militar en la marina, y nos pusimos de novios,

El vivía en Entre Ríos, trabajaba de tornero, y quería que en algún momento comenzáramos a pensar en casarnos yo era cuatro años menor. Yo solo quería alguien que me cuidara me sentía mal y vivía llorando. Me llamaron para cuidar unos niños pero debía quedarme o ir muy tempano a la Capital, y como  no tenia dinero para el viaje, debí quedarme y salía los sábados a la tarde me quede un año con ellos, la tarde la tenia libre así que comencé ha estudiar un secretariado comercial en Corrientes y Pueyrredón, pleno capital.

 Vino Pedro y le dije que lo sentía mucho pero  lo deje, quería alguien que estuviera conmigo. Lloramos mucho pero me dejo en libertad

 Me gustaba estudiar  pero me sentía muy,  muy cansada, y débil. Un domingo ya no me podía levantar y tuve que dejar de trabajar, seguí estudiando en Palomar, Carlos estaba trabajando en una estación de servicio y había comprado una moto, me llevaba y me traía. Un día volvió Pedro. Y me llamo para hablar, Carlos me abrazo y me dijo “Graciela vos sos mi amor”. Fui hable con Pedro y no acepte su propuesta de matrimonio.

Publicado la semana 42. 14/10/2019
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