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Justina Rios

Veinte recuerdo ante de los veinte. Cap. XVII

Doce años a mitad de año, y la escuela cuarenta y cinco éramos treinta y me hicieron un lugar para mí, fueron cálidos éramos muy compañeros y  estaban un poco más adelantados que yo, en matemática yo iba por suma y resta de fracciones, y ellos iban por multiplicación y división. la maestra se llamaba. Dora, llegaba siempre en su bicicleta con canasto cargado de  sus cosas  la mayoría para nuestros trabajos. Ella era pequeñita, muchos alumnos la pasábamos en altura, era dulce, gentil comprensiva, explicaba muy bien, repetida sin molestarse, si alguien no lo entendía. Me sorprendió cuando dijo a las niñas, que me explicaran lo que me faltaba de facciones, en el recreo y se quedaron casi todas. Explicando y aportando soluciones, verdaderamente, eran un grupo solidario. En el salón hacíamos expresión corporal, no era educación física, ni deporte, ella ponía una música en su grabador, y nosotros la interpretábamos como se nos ocurría, algunas destacaban otros no. Recuerdo haber dado saltos y giro por todos  lados, si lo hicimos bien o mal , no lo sabíamos, todos recibíamos nuestro aplauso, otro día teníamos pintura, y nos ponía música, hojas temperas y pinceles poblaban el piso del salón, la música elegida era el vuelo del moscardón, muchos se afanaban por dibujar un moscardón con alas patas y antenas, yo tome varios colores en mis dedos y comencé a dar vueltas en la hoja según lo que me dictaba la música, mi pintura quedo en la cartelera, como la que todos habían elegido para representar el 6B. y le conté a mamá.

 La maestra pidió un cuaderno de comunicado. Que lleve bien forado con etiqueta y caratula, cuando Dorita me lo devolvió, no lo podía creer, menos mi mamá, llevaba cinco felicitaciones por mi labor en clase y aplicación, ¡Que tal? “Por fin mi perro caso una mosca” dijo, mamá. La tía Ilda y el tío Juancito, estuvieron siempre vigilando, apuntalando , aconsejando, a mis hermanos y a mi, mamá como siempre trabajando duro para poder pagar los gastos de los estudios de los cuatros, pero algo había cambiado, el “tío Alfredo ya no  estaba más con mamá.

Llegaba la culminación del año y nos mostraban las diferentes posibilidades de estudios a seguir. Mamá quería que siguiera Comercial, como mi hermana Susana, yo quería Bachillerato, como mi hermana Gladys, entonces me inscribió en el Esteban Echeverría, en Bachillerato.

En ese tiempo mi querido tío Juan Roldan moría de un cáncer, en San Mayol.se me murió mi Papa Noel.

Tenía doce años ese verano, y descubrí que mi hermano tenía muchos compañeros que iban  a casa. Siempre, Carlos y Claudio. pero lo  que mas recuerdo a la vecina de al  lado  de casa  Lola que no tenia hijo, y los acompañábamos a la tarde después de la siesta,  Gerónimo, tocaba elbandoneón,  nosotros sentados en el piso frente a él lo escuchábamos , eran tangos y milongas, no mas de cuatro  y cuando terminaba de ejecutarla se quedaba quieto, con la cabeza mirando el bandoneón, entonces nosotros comenzábamos a gritar ,” OTRA, OTRA, OTRA” y el volvía ha interpretar siempre las mismas porque no sabia mas.

Eran Entrerrianos y le gustaba mucho, el pescado asado, adobado envuelto en papel y asado a las brazas, Gerónimo no andaba bien del estomago,  trabajaba en una curtiembre y el cromo que utilizaban en los cueros le estaba haciendo mal, nos invitaban almorzar eses pescado y cuando cortaban el papel a lo largo del pescado asado aparecían las porciones, separadas por las grandes espina, no se puede contar lo rico que era aquel plato regional, Ellos fueron siempre muy buenos con nosotros.

Publicado la semana 40. 30/09/2019
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