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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. XVI

La idea que después de terminar sexto grado debían buscar alguien con quien casarme, comenzó a rondar la mente de Hermes, había por entones un muchacho delgado, alto rubio y con una camioneta roja que pasaba por la casa y  ella se le había ocurrido que pasaba por mí. Comenzó entonces  a tramar una relación que existía solo en su mente. Solo se que le apodaban “el pájaro loco por que usaba jopo alto. Nunca me miro, nunca lo mire pero Hermes decía que yo me tenía que casar con él.

En febrero, teníamos un cumpleaños de quince, de la hija de mi tío,  hermano de mamá  en Bahía,  Blanca, cuanto preparativo había realizado Hermes y Titi, llegamos en el tren, algunos días antes de la fiesta, Titi había conocido a alguien que le ocupaba mucho tiempo, Hermes se descontrolaba. El tío Juan Jaime, la observaba, con el ceño fruncido, tres días fueron suficientes  para sacarlos de quicio y ocupados con los preparativos de la fiesta, no le dieron, más  bolilla a los rezongos de Hermes, y quede sola con el León.

Yo no sé cómo, quien y en qué momento, alguien le comento a los Jaime, ese delirio del  casamiento que estaban organizando los Roldan. Llego el día del cumpleaños todo se preparó en el salón comedor de la abuela Carmen de TIKI, mi prima, como era una ambientación sorpresa no fui a ver nada, Hermes estaba insoportable y me mantenía su lado. Preparadas. Vestidas perfumadas, Titi, había salido por veinte minutos y no volvió en toda la noche, nos sentamos en el comedor de la casa de mi tío y no iríamos hasta que él la viniera a buscar, como representante de su familia ya que su madre Justina, no había podido concurrir, Hermes y el protocolo inglés, pasamos toda la noche solas en ese comedor, no vino nadie a buscarla. Tanto preparativo vestidos, zapatos, viajes, para pasar el cumpleaños de mi prima a veinte metros sin ver, participar disfrutar, ni comer nada, Ojeda Roldan, se había topado con la barrera Jaime, y esta vez perdió, y perdí yo.

Pero el verano pasó y comenzaron las clases. Yo iba a la misma escuela, y ellos, los Mayol  iban a la escuela que estaba en su estancia, Felipe pupilo en Tres Arroyos, no nos volvimos a ver y no lo volvería a ver más aunque vivíamos a media cuadra de distancia.

Sexto grado fue lindo había niño nuevos hijo de peones y puestero y iba con el hijo del panadero y el hijo del carnicero y las dos hijas de la portera.  Vinieron asistentes sociales, para explicarnos si queríamos estudiar cual era la oferta educativa en Tres Arroyo, y otra asistente social llamo primero a las adolescentes dijo y nos explicó, como comportarnos, que no debíamos subir a ningún auto, que cuidado con los novios, en realidad daba muchas explicaciones, pero creo que tenía ganas de decirnos que no quedáramos embarazadas. Luego los varones. No sé qué le dijo pero salían todos colorados.

 Geografía. Matemáticas, historia Castellano, materias que había empezado a entender y me gustaba  hasta casi mitad de año, que llego una carta de mamá diciendo que en tal fecha pasaría a buscarme. Gran desazón,”¿ cómo puede ser? ,¿ Por qué?, ¿Quién dijo algo?”, claro los Jaime. Y vino  nomas, puso cualquier excusa “ que el trabajo, que el salario, que no le pagarían la escolaridad”.  En dos días tomamos el tren para ir a Buenos Aires, no volví nunca más a San Mayol, pero está grabado en mi corazón, para siempre, lo  que me dijo Titi, a solas, “Ahora, te vas vos, y yo… que hago aquí  sola.”   

Publicado la semana 39. 23/09/2019
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