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Justina Rios

Veinte recuerdo antes de los veinte. Cap. XV

Había cumplido ya los diez a años mitad  de año, pero estaban allí, mis compañeros, y contentos volvíamos a ser cinco. El resto del año transcurrió bien, no tuve problemas, Titi, estaba atenta, recuerdo que los dibujos me los hacía con” simulcot”, un especie de libro, que tenía dibujos con tinta azul en papel de calcar ,se  humedecía el dibujo y luego se lo apoyaba en la hoja donde quisieras que quedara y lo repasabas arriba. Con un lápiz negro. Me enseñó a pintarlos remarcarlos en el borde y luego inclinando el lápiz suavecito hasta llegar a los bordes, comenzamos con las reglas ortográficas, y luego repasábamos las tablas, a la noche después de apagar la lámpara, me decía “ Ante de P o B?” “Se escribe M” contestaba, “la acentuación ortográfica, según su clasificación, las palabras llevan tilde escrito cuándo?,” “Las palabras  agudas, se acentúan en la última silaba…” “cuando termina, en N, S o Vocal”. “Las graves se acentúan en la anteúltima silaba…” “cuando no terminan en N; S; o Vocal. “Las esdrújulas...” “Siempre”, y comenzábamos a recitar las tablas, luego conversábamos de algo y a dormir. Termine bien las clases pase de grado  y Titi, se sentía contenta y yo menos inútil, fue bueno haber revertido la situación, quinto grado me esperaría en el próximo año. Pero ya no podríamos utilizar el simulcot, por orden estrictos de la maestra, era hora que los dibujos los hiciera yo.

Ese verano no salimos de vacaciones, fui una semana al campo con una familia amiga. Estaba contenta ellos tenían un niño más pequeño de unos cuatro años rubio como el sol con el explorábamos los gallineros y buscábamos en los arados, huevos, porque las gallinas esas los ponían en cualquier lado,  una vez nos acercamos demasiado a el corral de los pavos, que estaban todos sobre el techo de su jaula, y nos corrieron volvimos todos picados arañados Y sangrando. El pequeño niño rubio tenía un tajo en la cabeza que le sangraba, pero  sus padres lo curaron. Y curaron los picotones y raspones de sus patas, mala experiencia, no eran aves amigables.

Cuando volví al pueblo, tenía una pequeña tarjeta escrita con tinta, muy prolija, Felipe Mayol me invitaba a su cumpleaños. Que detalle, habían tenido, se habían acordado de mí. Titi, ya había hecho un vestido verde agua, tableado para la ocasión, bañada peinada y perfumada, me fui a juntar con los condes. La pase muy bien fueron muy amables, y creo que por primera vez vi a Felipe, que no era el niño pedante de los cinco años, me saludo con un beso cuando ente converso un poco con cada invitado y me saludo con un beso cuando me fui .Un beso, un beso me repetía, y creo que flote hasta casa.  Ese verano vi alguna veces más a Felipe, y Ricardo, que teniendo tantas hectáreas de campo venían a jugar a la pelota en el patio de mi casa, lo  miraba sentada en la tranquera, junto a mi pino agarrada de sus ramas, era un niño hermoso, y yo no podía dejar de pensar en él. Comenzaría sexto grado. Y él se iría a estudiar a otra ciudad, pupilo en algún colegio porque en San Mayol no había escuela secundario, lo habría visto cinco veces en mi vida, pero el era especial para mí.

Publicado la semana 38. 16/09/2019
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