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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. XII

El año paso rápido, el Tío juan consiguió trabajo en una verdecería que un hombre de Tres Arroyo Había puesto en el pueblo. Ese  año  hubo una gran nevada. Y fue una fiesta, salimos las tres, Titi, Hermes, si Hermes, y  yo, corrimos por la nieve, y tratamos de hacer un muñeco , pero el viento sur era muy fuerte y helado, nos desarmaba todo, el pino juntaba entre sus agujas copos que iban cubriendo sus rama que pesadas caían al suelo nevado. Era una postal hermosa, parecía Bariloche. Hermes corría con bolsas de arpilleras a tapar sus plantas, rosas, jazmines, geranios. Quedaron todos abrigados.  Los patos se habían escapados de sus jaulas y volaban por el patio eran como veinte , los corrimos para entrarlos a sus jaulas pero nos ganaron por cansancio, el frio era intenso, y ya no podíamos ni respirar, entramos, sacamos nuestros abrigos y zapatos mojados,  nos cambiamos y nos juntamos en la cocina,  alrededor de la gran cocina de leña  que  calentaba toda la casa, corrimos a la despensa del pequeño patio cerrado para traer unos cuantos troncos para avivar el fuego. Reíamos con titi, mientras  tomábamos un te con leche, Hermes se nos  sumo y esbozo unas sonrisa, y pensé que fue una linda sensación, verla disfrutar de algo. Por unos días la actividad del comedor se realizo en el cocina, la tía devanaba la lana, y aprovechaba el calor de la cocina para  teñir lavar y secar lanas.

 A la noche, llegaba el Tío Juan, con un farol por el camino cerca del pino. Su campera tenia cuello y  gorro de piel marrón con corderito, nieve sobre los hombros y cabeza, cuando abrió la puerta parecía Papa Noel. Pero  era  julio

En primavera me iba hasta la Iglesia que estaba al fondo de calle al costado del los cercos de hayas, de la casa de mis tíos, siempre le creí que era  mi  casa, para ver como el viento movía los trigales verdes. Ellos tenían altas  espigas, se  mecían  como olas y  a veces como remolinos. Era como un mar hasta donde miraras, era… un mar verde de trigo. Antes de Fin Navidad y el mar era dorado, ya había madurado el trigo. Era muy  hermoso ver como  el sol se perdía en el trigo . Su na color  dorado iluminando de costado toda la línea de horizonte que yo podía ver parada sobre la tranquera,  entonces volvía.

 Ya no hablaba con el pino,  solo acariciaba sus ramas con  la punta de mis dedos , “ya no te puedo hablar, ellas no me dejan”, y él me entendía seguro; que el mar ahora era dorado, no había viento, el sol y el trigo eran casi del mismo color, recuerdo que pensaba que en esa situación nadie podría navegar ese mar porque ya no diferenciaría el horizonte.

Recuerdo haber estado muy dormida en la mañana y haber escuchado un fuerte ruido de los motores, me senté en la cama eran las seis, yo me levantaba a las siete, estaban ellos l os hombres las camionetas camiones y un tractor, que cortaba el trigo. Cuando llegue a la tarde a la tranquera, solo quedaban unos palitos dorados de diez centímetros casi, y pude ver algunas casas de puesteros  a lo lejos, habrá sido el diez de diciembre, una semana más terminarían las clases….¡Y yo pase, Pase!,  el día que traje el boletín , hicimos una  ronda cantamos y saltamos,

Publicado la semana 35. 26/08/2019
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