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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. X

Ya me había adaptado a mis hermanos y al barrio, me llamaba la atención la cantidad de gente, que hablaba distintos idiomas, había españoles,  italianos, portugueses, polacos, luego estábamos los argentinos que teníamos diferentes tonadas, correntinos, cordobeses y mi familia puntana, mis hermanas y yo habíamos nacido en Hurlingham y mi hermano mas pequeño en San Luis de la punta del cerro, de allí lo de puntano, jugábamos en la calle de tierra, el barrio se estaba recién formando, un día mamá compro una bicicleta usada para los cuatro , que siempre usaba Luis, al chico del frente de casa que su papa era marino mercante le habían   regalado una hermosa bicicleta nueva , daba gusto verla, la dejaba en la vereda y estaba toda reluciente , tenia un color  azul metalizado, espejos en los manubrios, y cintas que flotaban cuando andaba también tenia un juego de pequeñas ruedas que lo mantenían siempre erguido para que no se cayera.

Nuestra bicicleta era un desastre siempre desinflada o pinchada, Luis era uno de esos chicos a los que no le duraba nada, jugaba a la bolita, a las figuritas, a la pelota, peleaba a veces y venia corriendo a casa, Gladys, mi hermana del medio salía siempre a defenderlo, era un pequeño bribón de cuatro años, pero se las rebuscaba.  Un día estábamos todos en el barrio jugando . Luis, Moncho, Ricardo, (Vecinos del lado de casa) Jorge, desentonaba, con nosotros era rubio , de ojos claro y gordito, era el chico del frente, seguramente era sábado a la tarde o domingo , que era cando los grandes no trabajaban, Tomas el hombre de la esquina, creo que era de Corrientes, salió de la casa y se puso a mirar como jugaban, después de un rato , comenzaron a pelear, por las bolitas creo. Tomas  entonces para calmar los ánimos les dijo, “ustedes dos ¿No tienen bicicleta acaso?” “Acá esta este billete, para que corran una carrera , y el que gana se lo lleva.”, entro Luis corriendo a buscar su bicicleta rota y desinflada, salió Jorge con su bicicleta nueva, se pusieron al la do de Tomas y cuando el les dijo empezó la carera ida u vuelta en la cuadra, Luis pedaleo con gran dificultad con la bici, desinflada, pero como podía iba sobre el asiento, Jorge con su bici nueva no podía pedalear bien no estaba acostumbrado a andar, pero llego primero a la esquina, al dar la vuelta para volver y viendo que Jorge se le iba, Luis  se bajo del asientos,  puso los pies en la tierra,  y empezó a correr con la bici  ente las piernas no la había largado, no estaba de costado, estaba sobre la destartalada bici, pero corría como una liebre y llego primero y gano el billete, todos gritaban trampa, pero Tomas le dio igual el premio porque había llegado primero entre risas, lo felicito por el ingenio. Fue lo primero que gano así, pero no fue lo último.  

El año pasaba y yo en el primer grado no pegaba una, “vive distraída, no se concentra” decía la señorita a mamá. Mama decía en casa “vive en la luna”, cuando venia de trabajar, yo ya dormía eran las diez  de la noche, comía y arreglaba mi cuadernos enderezaba mis letras y hasta hacia y pintaba mis dibujos, creo que los primero no se repetían porque al año siguiente yo estaba en primero superior, con  mis dos vecinas Ester, y Leonor, entre las tres no pegábamos una, recuerdo  una fiesta patria que teníamos que cantar todo el grado en el escenario, y Ester desafinaba tanto que me pase todo la canción mirándola porque no me podía concentrar y ella tenazmente llego al final de la canción y yo no había  abierto la boca. Igual toda la escuela aplaudió

Pero ese año no fue tan duro como el anterior, pero no era una alumna aplicada, me distraía con facilidad, y las horas se pasaban  volando, sin copiar la tarea, fue difícil pero pase a segundo.

Terminaron las clases en diciembre y mamá tomo vacaciones, arreglo la casa con ayuda del “tío” Alfredo, hombre al que quisimos mucho, por bueno y porque veíamos a mama feliz con el. Nos regalo a cada uno un chanchito de yeso, alcancía y nos hizo una repisa triangular para los rincones de la pieza para que los  colocáramos allí.

Recuerdo un día que salimos a pasear los cuatro mamá y él en una camionetita, que le decían chatita. Llegamos hasta un lugar donde había muchos arboles, y algunos los estaban cortando, nos sentamos en los troncos aserrados, ellos hablaban, se reían se miraban, proyectaban nosotros jugábamos, era una hermosa sensación de familia. Recuerdo que al volver el cargo cuatro tronquitos, los que habíamos usados para sentarnos nosotros; Los usamos para jugar a la casita muchos años. Ellos duraron más que la felicidad de mi mamá y Alfredo

Publicado la semana 33. 12/08/2019
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