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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte.Capitulo VIII

Capitulo, VI

 La actividad de los domingos era arreglar el parque con plantas y flores, limpiar las cercas blancas, engrasar los hierros de la tranquera para que no hiciera  ese crujido que tanto molestaba a Hermes, regar abundantemente los canteros de flores,  y la huerta, que producía vegetales frescos,  juntábamos además futa de los arboles  con los  cuales  Hernes hacia, dulces, mermeladas, jaleas y licores, generalmente para los señores Mayol, a los  que ella estaba tan agradecida. Paso marzo del 58 y comenzaban a caer las hojas de los arboles, con el tío Juan escuchábamos las carera de Turismo carretera, Chevrolet-Ford, Tuti casa,  Bordeu, y otros que no puedo recordar, eran sus corredores preferidos, me contaba con emoción,  cada detalle de la carrera, con un “¡¡¡VAMOOS”!, “YA ESTA”¡, “LO TENES”¡ “LO PASO”¡, me agarraba de las manos y me hacia girar por el aire dando vueltas, o un simplemente “lo paso…” y seguía rastrillando. Juntábamos las hojas, cortábamos el pasto, acomodábamos los arboles frutales, hacíamos almácigos en la huerta. Limpiábamos los gallineros, y se podaba muy ordenadamente como si fuese un muro de piedra, como en las ruinas, los romeros que hacían de barrera contra el viento y le dividían   el parque de la huerta, de los arboles frutales, durazneros, guindas ,cerezas  y ciruelas  que no dejaban ver los gallineros que estaban al fondo del terreno, una vez contamos cuarenta gallinas ponedoras, recoger los huevos, era mi tarea diaria y debo decir que eran generosas esas gallinitas,  también se vendían esos huevos. Solo mi pino seguía igual, le rastrillábamos las pequeñas púas que había alrededor y seguía mi lugar secreto en orden, era muy feliz, compartiendo con el tío Juan, creo que era en esos momentos yo era  el hijo varón con el que un hombre sueña transmitirle sus conocimientos. Después de trabajar a eso de las cuatro de la tarde me cebaba mate y seguía hablando, contaba,” que tenia que estudiar, aprender a cocinar, lavar y planchar bien la ropa, que eso es importante para el hombre, andar arreglado”.” Porque como dice el refrán”, “En las priendas del gaucho, se ve el amor de la china” y que cuando fuera grande conseguir un buen hombre  trabajador que me cuidara, porque el amor , no se…. viene con el tiempo, cuando uno se conoce y tiran juntos” ese era el momento en que volvía a ser una nena.

Estábamos en esas actividades un domingo, cuando el hombre de la estafeta postal, paso. Vivía da dos casa de la nuestra, u le dijo al tío que había carta para Mafalda Roldan, de Buenos Aires,

El lunes fue Titi a buscar la carta a la estafeta postal. Y vino reocupada hablaron en el comedor, mientas yo estaba en el patio me dejaron salir a jugar, no se que pasaba pero no me gustaron sus gestos, corrí bajo el pino y espere sabia que me involucraba a mi. Pude entrar a la casa, y con la naturalidad que pudo mi tía me pregunto como me llamaba, conteste Chachi,  Graciela,  entonces muy seriamente me dijo,” tu nombre es Graciela Arrieta. Recodarlo, es importante”. Me fui al salón de costura y me quede sentada escuchando.

“Que ni documentos tiene y tenemos que notarla en la escuela para el año que viene, que tendrá que ir al Juzgado para que la reconozcan los testigos, y la puedan dar cuenta,” “que me avisara cuando la tengo que llevar”. Esa tarde no se hablo más del tema y se siguieron con las tareas habituales.

Publicado la semana 31. 30/07/2019
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