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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. VII

Capitulo VII

Cuando empezó Titi a irse, yo tuve que empezar con la compra de lo necesario,  ir a  hacer los mandados de la casa. Compraba, en la carnicería, la cooperativa, y en la panadería, allí me enseñaron a darme un poco menos de pan  y una factura, premio por ser tan buena nena y hacer mandados. Hermes nunca estaba conforme. Pero tenía temor de salir de la casa. Lo peor que me pasaba era tener que ir todos los días a comprar soda dos sifones cuatro cuadras, cruzar la estación donde estaba mi tío Juan y seguir dos cuadras más a la proveeduría del pueblo.

Un día Hermes me hizo un tremendo problema porque había puesto mal la botella con lavandina, y no solo se había ido volcando por el camino sino que había manchado mi vestido verde. Me reto, me hizo lavar el vestido, me mando a la cama a oscura y sin cenar, todos los castigos el mismo día El tío Juan que era mi salvación, no dijo nada, en realidad estaban muy preocupados por Titi. Esa noche, solo iluminada por la luz de la luna, hice planes para  escaparme. Total Hermes siempre me decía “Que me iba a poner un boleto de perro en el culo y me iba a mandar a Buenos Aires con mi madre, que para que me había tenido, si no se iba a ocupar de mí” y allí comencé a entender cual era la salida. El tren, Claro, el tren. Se que pase mucho tiempo comentándole a mi amigo pino las ideas que se me ocurrían para dejar aquel lugar. Que me iba a escapar cuando saliera a hacer mandados, cuando pasaba por la estación pensaba en que vagón subir para que no me viera primero mi tío y luego el guarda .Pensaba y pensaba, plata no tenia, no me venderían un boleto, se enteraría mi tío, no se como quizás una tarde me lo dijo el pino, me pondría al lado de alguien grande y pensarían que iba con esa persona. Comencé a dormir pensando que iba resolviendo el problema. Pero Hermes abajo gritaba y caminaba dormida, y enloquecía también al  tío.

Esos días fueron difíciles. Don Mayol la llevo en su camioneta al Hospital de Tres Arroyo, y no se como se pudieron comunicar con Titi, realmente Hermes estaba enferma. Arte. Arterio... algo decían entre ellos, ese era su segundo secreto.

Ya no se quería peinar. Su camisón blanco con puntillas  era la ropa de todo el día, casi no se levantaba, solo cocinaba, yo seguía con los mandados, ella apenas se levantaba, y el tío lavaba los platos que yo secaba y guardaba, después volvía rápido a trabajar. Son los remedios, decía el sin que yo peguntara nada, y mi escape había quedado desactivado. Los remedios la dormían, aunque yo trabajaba más la casa había perdido su hostilidad...y un dio llego Titi. Se hizo cargo de todo lo atrasado, ventilo la casa,  barrió  bien, plumerío las paredes y el techo, yo le alcanzaba los elementos y ella hacia todo con  rapidez.

Publicado la semana 30. 22/07/2019
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