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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. V

A veces viajábamos a Buenos aires y es tiempo yo lo pasaba con mamá y mis hermanos, Hermes con su hermana Justina, mi abuela. Titi, no se parece que estaba muy ocupada porque no aparecía. De repente un día llegaba con los pasajes y volvíamos a San Mayol.

Ella quería irse y buscaba la manera de salir de allí, Hermes no soportaba la idea que estuviese tanto tiempo lejos de la casa y el tío Juan, agachaba la cabeza , ponía las manos en su bolsillo, daba vueltas en el patio. Y ella siempre se iba.

 Entonces fue cuando me quede sola con un monstruo, Hermes Ojeda de Roldan, descargaba sus frustraciones en mi, tenía continuas quejas, parece que yo  hacia mal todo, puede ser porque cuando me retaban me bloqueaba y no escuchaba. Que mi mamá, que mi pelo que la lámpara de querosene, que el baño, que se gastaba mucho jabón. Lavandina. Siempre algo pasaba, y era motivo de sus rezongos. Debo decir para mayor comprensión que la casa era de dos pisos, con  tres dormitorios arriba, un cuarto donde estaba el tanque de agua que llenaba un molino. Abajo había un dormitorio que ocupaban mis tíos un gran comedor, pero grande, una cocina. Un salón de costura muy grande un baño grande y un lavadero con jardín de invierno todo vidriado, afuera  en un patio interno,  había un baño mas pequeño sin bañadera  una despensa en un pequeño patio con macetas. Eran seis casas así. Habían pertenecido al ferrocarril, pero al nacionalizarse había poco personal y esas casas se vendieron, entre ellos a mi tío.

De una a tres de la tarde se dormía la siesta, de tres a cinco podía jugar en el parque, en el piso de arriba  estaba  yo sola, no dormía, había un cuarto cerrado, de los tres,  ese cuarto  estaba lleno de revistas Billiken, sillones de mimbres y mesa con vidrio, en los sillones estaban sentadas tres muñecas de cerámicas y cuerpo de viruta, vestidas con vestidos largos u con sombreros con flores y zapatos, la cuales eran mas grandes que yo,   quería ver las revistas pero las muñecas me miraban , eran las verdaderas representantes de Hermes en el piso superior.

El tiempo de jugar en el patio era muy reparador para mi, había en un costado del mismo una tranquera y un gran pino, que crean o no era mi amigo, yo le hablaba todo el tiempo, sus ramas caían al suelo sobre el césped y yo allí abajo, le contaba todo, como me sentía, inventaba canciones y se las cantaba , le contaba mis cuentos inventados, todavía nadie me había leído ninguno , así que yo invente uno de una hormiga que había salido del hormiguero y se había perdido, entonces la pobre hormiga, no sabia como volver porque estaba perdida y extrañaba a su mamá y sus hermanos.

Los meses pasaban, y por allí apareció nuevamente Titi, la casa se lleno de alegría, volvió  a arreglar mi pelo, con lazos de cintas coloridas, traía telas para hacer vestidos, para ella y para mi. No se cómo, un día después de tanto tiempo llego la navidad, y alguien que se llamaba Papá Noél dejo una maracas grises para mi. Pañuelo par el Tío Juan, una tela para pollera para Hermes, parece que ese hombre era invisible porque nadie lo había visto pasar por la casa.

Publicado la semana 28. 08/07/2019
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