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Justina Rios

Veinte recuerdos antes de los veinte. Cap. IV

 Capitulo IV

 

Entonces llegaron ellas.

Mi tía abuela Hermelinda y su hija  Mafalda, en adelante Hermes  y Titi, que así la llamaban.

Hermes era una mujer grande sesenta quizás y Titi, tenia diecinueve, el día y la noche, agua y aceite. Buscaron a la niña más pequeña, juntaron mis cosas. Muy poco por cierto alguien me tomo en sus brazos, llore, mis hermanas  se quedaban tras la puerta, alguien me acaricio, me dio una madera, recuerdo, escalera, corridas silbatos, y un ruido penetrante en mis oídos, un tatan, tatan, tatan, tatan, media dormida me bajaron en una estación oscura y casi desierta, pocas luces iluminaban aquel lugar y mucho frio en el ambiente, solo fue  tiempo después que supe que era la Estación de Olavarría , esperamos otro tren hasta Tres Arroyo, y luego otro hasta San Mayol .Las horas viajando fueron muchas, muchas, me sentaban en una silla y recuerdo que se reían   porque mi cuerpo se balanceaba como si estuviese viajando , en mi cabeza retumba el tatan, tatan.

Titi, era alta, pecosa y abundante, años mas tarde la compararía con Sofía Loren, pero no tanto, alegre, divertida, le gustaba cantar bailar, salir tener amigos, le gustaba encantar a los hombres, en un pícaro juego de seducción, usaba, vestidos muy acampanados con una pequeña cintura o pantalones ajustados hasta el tobillo, con camisas sueltas y pañuelo en el cuello, era muy de los años 50, y era feliz. Hermes era una persona rígida, seca,  monosilábicas, conmigo,  el preferido era el NO. Tenía lentes, rodete, polleras angosta a media pierna y zapatos abotinados bajos, toda una institutriz Inglesa. Creo que no era feliz.  También habitaba la casa el segundo marido de Hermes y padre de Titi, Juan Roldan, era robusto. Usaba lentes redonditos, un equipo de ferroviario en su camisia sobresalia una libreta de tapa azul  y un lápiz, una gorra abrigada, que ocultaba su abundante cabello marrón,  como el de Titi, demostraban parentesco, a diferencia de nuestros cabellos profundamente negros. Tenia el tío Juan una actitud, serena y amable. Con el tiempo demostró que no era una pose.

Tendría yo entonces dos años y medio. Mi piel no era tan blanca como la  de ellos, aunque Hermes rasqueteara mis brazos y piernas con jabón y esponja vegetal, no se blanqueaba, entonces, comenzó a crecer mi pelo, pelo con bucles negros . Titi se empeñaba en rizarlos y hacer dos colitas, Hermes quería rodete, pero yo usaba colitas con cintas.

El tiempo paso y titi comenzó a reunirse con un grupo de teatro de los jóvenes del lugar, no mas de siete, que armaban obras , pintaban decorados y se dedicaron a viajar a Tres Arroyos, De la Garma, San Cayetano, venia contenta exultante. No podía dejar de comparar las ciudades con un pueblo de cien habitantes, donde se sentía ahogada.

Compartíamos el dormitorio de arriba,  yo debía subir antes de las  nueve de la noche a dormir , eran la orden de Hermes y yo respetaba,  Titi subía a la once, todas las noches me despertaba para contarme algo, sus planes sus amores,  su deseo de salir de ese pueblo que era tan pequeño, ir a  Bueno Aíres, a buscar trabajo. Hacer otra cosa, San Mayol quedaba chico para sus sueños

Publicado la semana 27. 01/07/2019
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