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Justina Rios

Historia de amores cruentos

Cap.3

“Todo bien, Gallego” dijo el patrón,” me dijeron las mujeres que las sacaste de un apuro” Y se sintió bien, voy bien, se dijo, y siguió trabajando.

Pasaron los meses, paseaba por el jardín  Miss Smith con las niñas, para que tomaran un poco de sol. Y el la miraba apoyada en los palenques, la miraba, y ella solo bajaba la vista, ella era mayor que él  diez años, no lo separaba la edad, lo separaba la escala social. El la miraba, veía su delgada y frágil figura, quería hablarla , pero ella se mantenía  muy distante.

Un día el patrón le dijo que se tenia que ir a trabajar al stud del Hipódromo, porque necesitaba un hombre de confianza, y entonces tuvo que viajar a Hurlingham, al Hipódromo de allí hacia su trabajo cuidando a los caballos, pero a la noche en sus horas libres -aprendió a los juegos de cartas las salidas con mujeres y las trasnochadas, un italiano que allí trabajaba los llamaba “Los atorrantes”. Los que no duermen. Jugaba a las carreras y ganaba algunas, jugaba a las cartas y ganaba a veces. Al cabo de un tiempo fue a ver a Miss  Smith, le declaro su amor. Ella lo rechazo, era poco, su condición; Desesperado y loco de amor, despechado se dedico a salir con cualquiera, y las noches en los bares  eran su lugar, el se veía atractivo por la miradas de las mujeres, que frecuentaban esos bares y fue de mal en peor, rodando cuesta abajo, no tenia,  mujer, hogar, amigos solo de juergas, nadie lo invitaría a su casa. Por cuidar a su mujer. Trato de ahogar su amor por ella en todo ese ambiente. Pero no pudo, no pudo, ninguna mujer borro con sus besos la mirada de aquella que el amaba, ninguna bailarina de tango , con sus vestidos ajustados bien tajeados  con las medias negras y Zapatos de tacón,  peinado de pelo negro recogido bien delineados sus ojos y su boca carmesí, podían hacer que olvidara el suave pelo rubio que caía de su sombrerito, su perfume a Lilas, su vestido de florecita y su chaqueta azul, no había manera, no había manera, la pasión había tomado su cabeza . Su amor por ella duro diez años y a los treinta volvió a insistir. Pero ella le dijo que  no quería un marido jugador,  y mujeriego, y volvió a decir que no.

Una tarde en la Iglesia de Sagrado, una de las niñas se casaba y fuero todos los señores y señoras  de la ciudad, Miss Smith, estaba allí era una de sus niñas y para mira fueron todos las jovencitas del pueblo. Don José Bre Ansaldi llevo su hijas, un puñado de jovencitas,  eran todas muy bonitas bajitas y de pelo negro largo y  sencillamente vestidas, no llamarían la atención si no fuera por su gran belleza, Eran apocadas y tímidas, como gente de las chacras, conocían su humildad,  muy cuidadas por su madre y su padre. Pero Baldomero ya las había visto. En especial a una, Elsa. Que era hermosa. El padre que estaba atento le adivino la intención “Ni se le ocurra, paisano. Tirar el ojo páca” sentencio Bre Ansaldi…pero ya era demasiado tarde se habían mirado y él la había flechado.

 Baldomero se porto bien y dejo de apoco esa vida que llevaba, Miss Smith, cumplió cuarenta y el quería tener hijos con ella, consiguió trabajo en una fabrica y como que encarrilo su vida, estaba digamos… un poco mas ordenada. Tenía un sueldo fijo y pagaba su pensión. Entonces volvió a la carga y Miss Smith, dijo que ¡¡NO!!, “Yo tendré con quien casarme”,” y por mas que me lo pidas ya no volveré por ti”

Gran revuelo en lo Bre Ansaldi,  pues han  pedido la mano de Elsa “ y  ¿por qué lloras así? el gallego  Baldomero traerá llanto y desolación, pero Elsa Ester enamorada, eso no lo puede ver, solo contesta  que si,  y no entiende que es el despecho lo que lo anima a prometerse y  ser cruel “

 Una mañana de marzo, no faltaron a la cita,  se casaron esos dos, fue firmada su desdicha, pues el que falto fue el  amor.

Publicado la semana 19. 06/05/2019
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