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Justina Rios

Historias de amores cruentos

Cap. 2

 En las caballerizas siempre se necesitaba gente por que no era los mas trabajadores eran bebedores, jugadores y pendenciero algunos y si los denunciaban por inconducta la ley de residencia los sacaba del país. Y siempre se necesitaban petiseros, eso que variaban los caballos los acicalaba, los montaba. Los cuidaban su comida su avena y su manta era muy importante, eran muy caros. En uno de esas caballerizas, entro a trabajar Baldomero. Era apena un pequeño adolescente. Delgado con sus pantalones sobre el tobillo, sus cabellos marrones y sus tremendos ojos color del tiempo. Tenia una palidez propia de los hambrientos y su delgadez lo delataba, su ropa era pobre y muy usada, entonces los hombres que trabajaban allí se apiadaron y entre pobres se comparte “Toma gallego”, Le dieron algunas prendas, que le quedaron grandes. No era mucho el sueldo, eran unas pocas monedas, como vivía lejos lo dejaron dormir en las caballerizas y cuando hacían la comida estaba invitado.

“Mira gallego,” le aconsejaron los más grandes,” ayuda donde se te pida, vos siempre con la mirada en el suelo” y “ Si patrón, si patrón, y no vas a tener problema”, y eso hizo,  estaba siempre atento a las órdenes de su encargado. Entonces, fue comenzando a ganarse la confianza del patrón. Hay  que cuidarse de no hacer problemas pues estaba la Ley de reincidencia, “expulsaba a los extranjeros “ - en la gran inmigración llegaron socialistas, anarquistas, activistas, como le decía las clases acomodadas, - “la chusma inmigratoria”. Y se te quejabas de algo te sacaban del país. Bueno, la cosa, que Baldomero iba creciendo y se ponía mozo, tomaba forma de hombre y con su poco dinero juntado poco a poco  después de varios meses de trabajo,  compro su primera ropa nueva, bombacha de gaucho, y alpargatas, camisa pinzada y pañuelo. Y esas misma noche se fue de milonga, que así se llaman los bailes en la provincia de Buenos Aire, donde tenes que cabecear a la dama, y si te mira y sonríe podes ir a buscarla para bailar, se bailaba apretadito y por primera vez sintió el efecto que generaba en las mujeres. No se había dado cuenta antes, porque los caballos no dicen nada y los hombres no te van a piropear los ojos.. Volvió satisfecho, por fin se sintió un hombre en las miradas de las mujeres, bailo toda la noche. Y cuando volvió a su lugar en la caballeriza, al catre de lona, se juro, que saldría de allí.

En un tiempo tuvo que ayudar al que manejaba el camión, para traer los fardos para los caballos de carreras, y mirando los movimientos que hacia el chofer, aprendió. La suerte te cambia Baldomero Pérez, el chofer estaba enfermo, y las niñas tenían un cumpleaños. El señor en la estancia, la señora con reunión, ¿¿Quién sabe maneja el coche?? Grito el Ama de llave, y “¡Yo! Grito Baldomero. “Tu gallego para aquí” Bien entra a las dependencias de servicio y allí te preparás”. Baño. Jabón, afeitado perfumado. Zapatos, medias, pantalón, chaqueta y gorro, se miro al espejo de la habitación del chofer, y no se reconoció. Como pudo. Como pudo, fue llevando el coche de los señores a donde se festejaba el cumpleaños, pero no pudo dejar de ver la belleza sobria y elegante de la institutriz.

El la miraba por el espejo retrovisor, ella bajaba la mirada, las niñas se portaron como verdaderas princesas. Nade hablo en el camino, “¿Usted me aguarda aquí? Dijo en un castellanizado ingles Miss Smith., y el la miro, la miro……la miro. Fueron y volvieron sin inconvenientes.

Publicado la semana 18. 29/04/2019
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