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Justina Rios

El gato negro de ojos amarillos.

Tuve que volver  por cuestiones más  que familiares, a ese lugar del que salí huyendo espantada y confundida hace treinta años atrás. Volví con mi nieto de siete años, No era la idea, no quería que se enterara de cosas que no podría entender. Su madre siempre trabajo para mantenerlo, no hubo posibilidad de poder dejarlo con alguien responsable. La policía volvía a citarme, buscaban resolver un viejo caso archivado.

Yo era una adolecente de dieciséis años, tenía a mi familia y una gran amiga.  Amaba a todos, me gustaba todo lo que le gusta a los que empiezan a conocer el mundo, Tina mi amiga era tímida y bella, a ella no le gustaba salir, era feliz  estando en su casa, con su gran gato negro, de extraños ojos amarillos, siempre la perseguía donde fuera, cuando lo espantábamos se escondía en la frondosa arboleda que bordeaba la ruta, tras la cual había unas canteras inundadas por el agua de las abundantes lluvia de la región.

 Le pedí que me acompañara al baile de fin de curso. Me costó mucho convencerla, pero accedió. Carecía de la curiosidad inquisidora de los adolescentes. Era tranquila y casera. Recuerdo que siempre estaba yo haciendo planes para salidas y  travesuras, que no podía realizar porque ella no quería acompañarme. Pero para el baile le insistí y le pedí permiso a sus padres, nos comprometimos a cuidarnos y volver juntas. Estábamos muy bellas con nuestros vestidos, nuevos y bien peinadas, su pelo castaño era muy largo, mi pelo negro hasta los hombros.

Nos llevó su padre a las ocho de la noche, el mío nos pasaría a buscar a la una de la mañana. Prometí no beber, pero bailando nos hizo calor y salimos a tomar aire con un muchacho y me convido licor que había en el baúl de un auto, no fue mucho pero al no estar acostumbrada me mareo. Tina se enojó, yo estaba devolviendo y quería volver a casa. Eran como las once de la noche nadie quería dejar la fiesta, y salimos caminando.

Caminamos por la ruta un buen rato, la arboleda hacia extraños ruidos, nos convencimos que era las ramas movidas por el viento. Sabíamos que estábamos cerca de las canteras y venia una curva. Un gran pino marcaba  los diez minutos que faltaban para llegar a mi casa. Algo se movió, sentí frio, una fuerte ráfaga de viento movió más aún las ramas y seguimos caminando, me pare para devolver y algo golpeo fuertemente mi cabeza. No sé cuánto paso, pero desperté porque sentía algo rosando mi cara, era el gato negro, estaba mojado y sus ojos amarillo brillaban en la noche. Tina no apareció más, nunca más. Investigaron pero  pensaron que había huido, nadie tuvo noticias de ella. No pude soportar la incertidumbre y el dolor de los padres y cuando pude abandone el lugar.

Ahora, está un poco cambiada la ciudad, salimos caminando de la terminal, pasamos por la escuela, caminamos por la ruta, mire a mi nieto, el viento movía  su pelo negro y sus ojos color miel, Caminamos hasta la curva y dijo “Después del pino unos diez minutos más y está tu casa” Lo mire , y siguió hablando “Aquí es donde tuvieron el problema” , “¿Qué problema?” conteste exaltada. “Con Tina, abuela” “Cuando volvían del baile, ¿Cómo sabes eso? pregunte “porque lo sé” contesto. “Tina te llevaba porque estabas descompuesta, y alguien las ataco”.” Te golpeo fuertemente en la cabeza y arrastro a Tina a un bote que había en la cantera, la golpeo”. ¿Qué dices?, ¿Qué dices? Y siguió diciendo sin oírme “Le rasgo la ropa y la sometió, ella gritaba  hasta que la asfixio. Yo salte al bote  y lo arañe con  toda mi furia, le arañe los ojos hasta que sangraron y  cayendo golpeo la cabeza contra el filo del bote, que dio vuelta campana. Los tres caímos al agua, no pude hacer nada por Tina  vi como caían al fondo “.

 No podía creer lo que contaba ni articular palabra. Siguió diciendo “Nadé  hasta la orilla y te busqué, te desperté y te acompañe a tu casa”.  “¡¡¡Basta, basta!!! Grite. ¿Cómo puedes saber eso tú?. Suspiro hondamente y me miró fijo, “Porque el gato negro de ojos amarillos, soy yo”.

 

 

Publicado la semana 13. 25/03/2019
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