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Justina Rios

Nadie puede verme dentro tuyo.

 

No puedo quejarme  de donde me encuentro, ni de la vista, ni de las salidas, ni de la comida. El lugar es espacioso, luminoso y limpio, mi habitación es pequeña pero allí estoy muy protegida. Desde que salgo del cuarto cierro mis ojos. En este  lugar me siento muy cuidada, desde que me levanto me llevan al comedor donde tomo el desayuno, lo acompañan con un coctel de pastillas. A las doce, puntualmente  la comida y la bebida. El día transcurre brevemente, la mañana pasa muy rápido, luego del almuerzo, salimos  al parque. Puedo sentir el sol  que entibia  mi cuerpo y el aire puro me envuelve. Los árboles son añosos y hacen un pequeño crujido cuando se mecen, huelo el perfumes de las flores, escucho el canto de los pájaros, mis ojos  permanecen  cerrado todo el tiempo y agudizo mi oído; cuento las diferentes voces de las otras personas, tres voces de hombres a mi derecha y  cinco de mujeres tras de mí puedo escuchar su respiración y sus dificultades, tres voces chillonas,  dos opacas, una apagada, dos voces muy acatarradas y uno al que le cuesta respirar. Gente mayor que protesta a lo lejos. Puedo escuchar, uno golpear con el bastón el piso, exactamente cuarenta siete veces, otro estornudo tres veces, a la mujer que le falta el aire y tuvo cuatro ataques de tos, una mecedora  produjo un chillido cincuenta y siete veces, nueve veces se golpearon los postigos de la ventana del primer piso y veintidós veces abrieron y cerraron la puerta que da al parque.  No quiero hacer contacto visual…no quiero verlos. Luego baño ropa limpia. Control médico y cena frugal.

A las seis y media de la tarde estoy en mi cuarto, me dejan sola… sé que se acerca, un nerviosismo comienza a invadirme. Sé que está llegando, se acerca, lo presiento y comienzan los escalofríos, sé que pronto estarás aquí, comienzo a rezar, sé que el tiempo en que permaneces es el de rezar un rosario.

_“Padre nuestro”. Siento tu respirar  enojado…no abriré mis ojos. Comienzan los retos y el coro de insultos.

_“¡¡Mojigata, deja eso que no eres ninguna santa!!

_“Padre Santo”, y siento que me tiras contra la pared acolchada.

_“¡¡Conmigo no va eso de monja!!”

_“Dios del Cielo”, y arañas mi cara hasta sangrar.

_“¡¡¡Ayúdame Señor!!!”

_“¡¡¡Háblame, deja de hacer como que no me conoces!!!, ¿No me recuerdas?, yo soy el que hago el trabajo sucio por ti”.

_¡¡¡¡Líbrame de todo mal!!!

_“Mosquita muerta, como si lo que hice no lo hubiese hecho por ti”, y otra vez un golpe violento contra la otra pared.

_“¡¡¡Llorona, apocada. Hipócrita, teníamos otros planes” respira agitado y grita “NO ME GUSTA ESTAR AQUÍ”, ¡¡¡“Salgamos de aquí… salgamos de aquí!!!

_“Manda a tus ángeles, Señor, protégeme. Protégeme…protégeme”

_“¡¡¡DESHARE LA HABITACION SI NO ME MIRAS!!!”. Los gritos fuertes y guturales son cada vez más aterradores.

_“¡¡¡Ayúdame Señor!!!. Ayúdame, manda a tus ángeles”.

Ruidos en la puerta, corren la traba y sacan el cerrojo.

_“¿Te quedan dudas que mañana volveré? Nadie puede verme dentro tuyo.”

Entran los enfermeros a aplicarle un inyectable. “Cálmese  hermana, no se lastime más”

_“Fue él, y mañana volverá”.

 

Publicado la semana 11. 11/03/2019
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