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Jonathan Vizcarrondo

Aquella única flor

Había una única flor en aquel desolado jardín: única por su soledad y también por su belleza. Aquella flor se mantenía siempre erguida y refulgente delante de los ruidosos rayos del sol. Cada estación del año había tratado de ejercer dominio sobre ella, intentando afectar su hermosa apariencia, sin ningún resultado. La observé durante todo el año, sentado sólo en aquel peldaño. Ya ni ganas tenía de nada. Tanto tiempo y cuidado que le dediqué a ese jardín, para nada. Pero, ¿y que con aquella flor? Yo ni siquiera la había sembrado. Una flor como esa no crece sin el debido cuidado; no era una flor silvestre. Alguien tuvo que haberla sembrado…
Una mañana, que no fue diferente a las demás, esa flor, con la forma tan encantadora que tienen las flores de proferir palabras, me hizo comprender la razón de mis delirios. Eran unas pocas palabras contenidas en aquella pequeña flor: “La felicidad la encuentra el que descubre la belleza en las cosas más sencillas de la vida; aún en los momentos más terribles”. Me levanté y comencé a limpiar, a recoger los escombros y a recoger los animales muertos y ya descompuestos. Me aseguré bien de guardar en un cerco aquella hermosa flor que había despertado mi corazón, que me había hecho revivir la pasión por la vida; hallar el deleite (aún) en las pequeñas cosas.
Después de un tiempo, y de caminar por aquel jardín ya poblado con una gran variedad de flores, tomé conmigo algunas canastas llenas con aquellas flores y descendí al pueblo. El pueblo estaba todavía gobernado por la tristeza y descolorido por aquella gran desolación. La gente del pueblo al verme llegar y al percibir aquel olvidado aroma primaveral, comenzaron a salir de las casas y a seguirme. Las flores impregnaron cada rincón del pueblo con su mensaje cargado de color, de vida y de entusiasmo. Aquellos corazones fueron revividos, otros despertados por aquellas silenciosas palabras.
Regresé a casa, deseando estar otra vez en mi renovado jardín, y encontrarme con aquella hermosa flor que me había devuelto la vida; tanto a mi, como a la gente de mi pueblo. Para mi sorpresa, la flor ya no estaba; aquella flor, nunca estuvo.

Publicado la semana 5. 29/01/2019
Etiquetas
Vida, revivir, despertar, esperanza, nuevo comienzo, desolación, jardín, catastrofe, flores
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Género
Relato
Año
I
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