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Jonathan Vizcarrondo

EL FUNDADOR

Después de cumplir con lo propuesto en ese lugar, se ajustó la mochila a su espalda; salió a la calle con lentes oscuros y un bastón blanco en su mano derecha. Al rato de haber caminado hasta sentir el caliente atravesando sus zapatos, levantó un poco la mano con el bastón imitando un silbido. Escucha que se detiene un automóvil y tantea hasta sentarse en el asiento trasero. “Llévame a dieciséis kilómetros de aquí”, dice de manera muy calmada. A la vez que extiende su mano diciendo: “quédate con el cambio”.

Habiendo llegado a un cierto lugar, camina hasta ya no escuchar el corte de viento que producen los autos a la distancia. Atraviesa un camino angosto, un puente colgante, una que otra solitaria calle… Llega a un pequeño pueblo que hasta hace poco había sido una aldea, y que fue fundado por un viajero que al perder la vista, fue lo último que vieron sus ojos; por tal razón llamó a aquel lugar “La luz de mis ojos”.

El pueblo estaba todo en calma, no había bullicio alguno. Al llegar a la plaza se acerca a un pequeño banco y toma asiento. Abre su mochila, guarda los lentes y su bastón; y seguido de un sorbo de agua comienza a contarles al pueblo en su espera, cada detalle de la historia de su fundación y formación.

Publicado la semana 26. 30/06/2019
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I
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