08
John Charlestein

Coche Bomba

Brian Johnson ha despertado muy feliz. Se lava los dientes y prepara su desayuno con mucha energía y de buen humor. Piensa qué desde que llegó a la tercera edad no se había sentido tan bien…. Tan lleno de vida. Hoy es el día. Hoy se convertirá en un villano.

Muy pocos clientes llegan a su taller en estos días. Ya nadie confía en los talleres caseros. Todas esas certificaciones, máquinas y garantías extendidas han hecho qué el negocio baje y eso lo llego a agobiar, pero ya no más.  “Si voy a morir me llevaré a muchos inocentes” dice.

Su vida no ha sido fácil. Un australiano promedio mide lo que él y tiene ojos verdes y cabello rubio cómo el, pero tiene la desventaja de ser muy gordo. Siempre lo fue. Fuerte deportivamente, brillante académicamente y encantador socialmente, pero su problema glandular lo ha alejado de muchas oportunidades.

Pero eso se acaba hoy. La venganza con una terrible sociedad qué lo ha desplazado será cuando aquel coche llegue a su destino. “¡Oh sí!” Piensa, mientras recuerda todos los problemas, qué ese mocoso rico lo hizo pasar para reparar el auto. “No quería pagar y vino con el barato”.

Esta listo. Es hora de salir. Puerta cerrada; auto encendido y destino sellado. La velocidad es moderada. Un mecánico de su nivel sabe qué nada sucederá ni antes, ni después. Si hay alguna eventualidad aun así la bomba hará mucho daño. Por donde pase ese vehículo, el atentado será notable.

Ríe descontroladamente de solo imaginarlo. Quiere verlo. La explosión, las llamas y los cadáveres. Oh sí. Ríe más fuerte. Un sonido lo alerta. Una patrulla está detrás. “Aún hay tiempo. No hay porqué apresurarlo” dice para sí. “¿Sabe porque lo detuve?” dice el policía. “No oficial” responde Brian muy tranquilo.

“Necesito sus papeles” dice el oficial. Rápidamente, Brian los saca y los muestra. “Debo revisar un par de cosas en la computadora. Tendrá que esperar”. El mecánico asiente con la cabeza de mala gana. “No me diga qué trae prisa” Brian asiente de nuevo. “¿Qué puede ser tan urgente señor?”

Los nervios empiezan a consumir al gordo detenido. Su cara empieza a excretar exceso de sudor. Cualquiera diría qué está nervioso, hasta el policía qué empieza a interrogarlo. “Usted sabe algo qué no me quiere decir. No ha cometido un delito ¿O si amigo?” El hombre aprieta fuertemente sus labios.

“Hay una bomba en el auto” dice Brian, casi gritando mientras escupe al oficial. “Un coche bomba. ¿Dónde?”.

“Va rumbo al centro de la ciudad. Edificio Collins.”

 “Y ¿Cómo lo sabe?”

“Soy el mecanico del terrorista”. El policía abre la puerta de Brian y lo saca del auto con esfuerzo.

Entran a la patrulla y el policía empieza la persecución. “No te apures amigo. Serás un héroe y yo contigo. Atraparemos a ese bastardo” El gordo hombre empezó a jadear por la presión y la velocidad del coche. En 10 minutos habían dado alcance al coche. El policía lo cerró.

Un estruendoso rechinar invadió la avenida principal y el coche bomba se detuvo en seco. El policía bajo y apunto al hombre del coche, quien salió con las manos arriba. Apenas iba a pronunciar su primer palabra cuando Brian grito “Al suelo” mientras empujaba al policía. Después solo hubo silencio.

Los oídos del oficial y de muchos a la redonda se taparon con una explosión tan estruendosa qué lastimaría hasta los oídos de Dios. Al levantarse el policía vio cómo uno de los rines salió disparado y de no haber sido empujado, hubiera perdido la cabeza al instante. Un milagro.

“Me salvaste” dijo el policía viendo a Brian. “¿sabías qué explotaría en ese instante?”.

“Yo sembré la bomba y sabía qué se accionaría cuando bajaran las revoluciones” dijo Brian jadeando. El policía asustado pregunta “¿Por qué?”. Entre lágrimas Brian dice “Es desafortunado estar solo. La soledad destruye la razón humana”

“Y qué ganabas con eso” pregunta el policía. “En la cárcel no estaría solo. Quizá sería golpeado, humillado y maltratado de las peores formas, pero entre otros humanos. Por más gordo qué sea, ellos me harían caso. Es todo lo que quiero. Estar cerca de alguien” decía Brian entre lágrimas.

“Hombre. Me has salvado. No eres tan malo. ¿Solo quieres estar con alguien? Yo hablare de tu hazaña. Denunciaste a un terrorista y juntos lo interceptamos y cómo dije, ahora seremos héroes. Nunca estarás solo. Yo seré ascendido y premiado y tu estarás conmigo en todo eso” alardea el oficial.

“¿Estás seguro?” pregunta Brian. “Si, pero no me debes traicionar. Debes mantener la historia siempre. Tú lo denunciaste, tú me encontraste, ambos lo seguimos y no se pudo hacer más. Estaban a punto de despedirme y no puedo desaprovechar esta gran noticia. Ahora tienes un cómplice. Un socio. Creceremos juntos”

 

Publicado la semana 8. 22/02/2019
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