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John Charlestein

Crónicas Desafortunadas Parte 3

ezclan, pero ¿las mujeres y el rio?  

Como siempre, íbamos tarde, en parte creí que era por mi culpa, pues tenía encargos de última hora, pero no, resulta que mi retraso de dos horas era el menos relevante. Llegué al punto de reunión y como éramos muchos, nos tuvimos que dividir. Me fui en la segunda tanda en el coche de un compañero, quien estaba particularmente “nerviosito” porque le habían encargado que el evento saliera bien y el “odia quedar mal”. Junto con el habia un tipo más relajado. 

El trayecto fue de poco más de una hora. ¿Hacia dónde? Un Pueblo Mágico* (que para mí ya se están volviendo Pueblos Malditos). Nos paramos en una tienda de conveniencia. Ellos iban por cigarros; yo por comida. Siempre me toca pasar hambres en estos eventos, entonces aproveché para mal comer (pero al fin comer) y mi cuerpo se relajó, pues las tensiones aumentaban con mi llegada tarde y el otro tipo con su idea de “Todo tiene que salir bien”. 

Llegamos y las prisas estaban sobre nosotros. Arribamos justo a la hora donde se supone que deberíamos haber terminado. Entonces, con toda la rapidez del mundo (y eficacia) salimos adelante en menos de media hora.  

Ya más tranquilos nos ofrecieron bebidas y aceptamos. Cerveza, refresco y aguas. La noche empezó a caer y la bienvenida (que consistía en una cena, baile y mucha bebida) se empezó a llenar. Nosotros nos dedicamos a vender, atender clientes y yo a tomar fotos, claro que esto último después de mucho esperar mi cámara, la cual olvidé nuevamente por las prisas*. 

Los invitados ya estaban cenando. Eso significaba que pronto cenaríamos nosotros, pero ese pronto nunca llegó. Interceptamos en más de cinco ocasiones a los meseros y sus “enseguida” se volvieron promesas vacías. Cuando nos hartamos y fuimos directo a la cocina nos dijeron que la comida se había agotado. ¿de qué sirve ser patrocinador si no gozas de ningún privilegio? 

Total, pasó el tiempo y desmontamos y nos fuimos al hotel. 8 personas divididas en 2 habitaciones es un caos, por suerte alcance cama y dormí en seguida, mientras los demás se terminaban las cervezas que se habían traído del evento como botín. Entre lo malo del hotel es que fuimos interrumpidos un par de veces durante la madrugada, para ceder el baño a una chica (la única del grupo) ya que el baño de su cuarto no tenía foco. 

Al despertar, armamos de nuevo todo el material para adornar la Plaza Central de aquel Pueblo Mágico. Nos quedó bastante bien. Después de eso salimos al camino, no sin antes llegar a otra tienda y comprar el desayuno y provisiones para el camino. 

Entramos a “La Brecha” en nuestro vehículo todo terreno y tuvimos un día normal, de hecho, parecía que nos iba super bien. No me llevé mi cámara profesional al camino (por el exceso de tierra y agua que pueden afectar su funcionamiento). En su lugar cargué una cámara deportiva. Al ser “la cola” del grupo nos tocaba remolcar a los caídos, pues nuestro equipo tenía al mecánico oficial, además del vendedor/conductor, copiloto y la chica. 

Fue un día productivo para el mecánico porque por cada vehículo reparado recibía $200. En medio del camino, el trayecto se llenó de polvareda, por lo cual, todos decidieron guardar sus celulares en la guantera del vehículo, excepto yo, que venía tomando fotos de la belleza natural. Justo después de eso, la primera tragedia ocurrió. 

No vimos como debíamos seguir y el conductor se lanzó intempestivamente por en medio del rio, solo para caer en un pozo. Nos inundamos hasta el cuello y todos salieron del vehículo. Yo me quedé atorado. Un viejo trauma me dejó inmóvil en mi asiento donde no podía hacer nada. No entré en pánico, pero mi cuerpo respondía a duras penas. Un objeto empezó a flotar cerca de mí y tocó mis glúteos. En ese momento me di cuenta que debía reaccionar.  

Una caja de plástico con la herramienta que nos podía sacar de ahí, estaba tras de mí. Con todo el valor que pude tomar, me acomodé y logré sacar del agua la caja, pero por desgracia, se logró abrir y el rio se llevó unas cuantas herramientas.  

Salí del vehículo hacia el cauce del rio solo para descubrir que la tierra estaba débil y que cada paso me hacía hundirme. Con mucho esfuerzo (tanto para cargar la herramienta llena de agua, como para caminar y no resbalar y para evitar que mi tenis se quedara atorado) salí a tierra firme. Como no soy experto en mecánica, me pidieron que fuera a ver si podía alcanzar el casco que el mecánico perdió por no llevarlo puesto. No lo alcance. La corriente se lo llevo y ni siquiera lo pude ver. 

Regresé desanimado. Por suerte recibimos ayuda y logramos sacar el vehículo del agua y ponerlo en tierra firme para repararlo. El mecánico, siendo tan bueno como es, le tomo menos de 20 minutos ponerlo a andar. Había un par de personas que necesitaban sus servicios y les ayudó, ganando más dinero. Cuando reaccionamos y volvimos al camino, recordamos que los celulares de los demás (los cuales olvidaron por el susto) aún estaban en la guantera. Por suerte, yo logre evitar que el mío se sumergiera, quedando como el único funcional, sin embargo, no servía de mucho porque no tenía señal. 

Retomamos camino. Había que darse prisa porque las nubes se empezaron a acumular y ponerse negras.  Lluvia segura. En medio del camino nos topamos con una bifurcación. El conductor dudó y nos preguntó y entre gritos, se fue por donde no era y terminamos sepultados, de nuevo, bajo el agua.  

Lo primero fue salvar mi cámara y celular. Para de nuevo tomar la herramienta y evitar que se fueran más cosas al fondo del rio, lo logramos, pero a un terrible costo. Éramos los últimos, empezó a llover y el cauce seguía creciendo. Ese vehículo estaba por encontrar su tumba en medio de la nada. 

Por suerte, a menos de 20 metros tras una columna de piedra, había un grupo de personas que nos esperaban para socorrerlos, pero primero debíamos ser socorridos. Gracias a ellos remolcamos el vehículo hacia tierra (nuevamente) pero el segundo impacto hizo que fuera más duro arrancar. En lo que asentábamos nuestro vehículo, el mecánico se dedicó a reparar los de las personas que nos ayudaron. Más dinero para él, ahora era el turno de nuestro vehículo, pero todo apuntaba a que no sería rápido y menos sencillo... 

Llevábamos casi 3 horas de retraso al punto donde sería el almuerzo. Quizá hasta nos quedaríamos sin comer, pero lo más importante era salir de ahí, a como diera lugar. Después de mucho trabajar en el vehículo (que, por cierto, descubrimos no era tan bueno para el camino que habíamos recorrido ni para él que nos esperaba) el mecánico logró hacerlo funcionar, pero a duras penas iba hacia adelante. Cada 10 minutos se detenía a acomodar algo o a detectar alguna falla. 

El grupo que nos había esperado perdía la paciencia, así que se ofrecieron a llevar a dos personas para ir por ayuda lo más rápido posible, mientras ellos avanzaban a su paso. Yo y la chica fuimos elegidos para adelantarnos. No quería dejar solos a mis compañeros, pero mi celular era el único que funcionaba y no íbamos a dejar a una dama en medio de la nada. 

Afortunadamente el peso liberado entre la chica y yo, ayudó al vehículo a avanzar con mayor facilidad, pero, aun así, el camino de rocas resbalosas, agua y lodo era demasiado para la máquina. En un punto nos adelantamos tanto que ya no supimos más de ellos y la noche se dejaba caer. Detrás de las montañas, el sol se oculta más pronto. 

Llegamos a un pequeño ejido, que era donde debíamos esperar a los demás y comer, pero llegamos con 6 horas de retraso. Pedimos instrucciones para llegar a carretera. Aún faltaba mucho camino por entre la brecha, pero teníamos urgencia por salir. Si nos quedábamos adentro, ya no habría auxilio. 

La noche nos empezaba a oscurecer la sierra. Después de 21 kms (según lo que había escuchado) nos detuvimos en lo que parecía ser un arroyo. Oh sorpresa. Un taxi cruzó por ahí. Llegamos a la carretera, pero aún no había señal. Las luces de los pocos coches que pasaban por ahí fueron la guía para empezar a transitar la carretera. Era un arma de doble filo, pues íbamos a una velocidad muy alta y esos vehículos usan bandas, las cuales tienden a reventarse cuando se acelera de forma constante, por suerte no pasó nada. 

Cuando recuperé la señal, informé a nuestro amigo chofer para que fuera a auxiliar a los compañeros que dejamos atrás. La chica y yo no supimos más de él. Nos llevaron a comer, pero con el pendiente apenas podíamos respirar. Llamamos al chofer y no contestó.  

Después de un tiempo, me regresó la llamada para decirme que ahora estaban en camino y que todo estaba en orden. Regresamos al hotel, pedimos habitaciones y nos dedicamos a esperar. Nos volvieron a llamar para decirnos que era hora de regresar. 

Las 10 de la noche no me parece la hora ideal para agarrar carretera y hacer una hora y media de camino, pero no me iba a quedar solo y sin dinero en ese pueblo maligno. 

Accedí e hice todo por ayudar para acortar nuestra estancia ahí. Justo al subir al carro, el sujeto con quien estuve en el trayecto de ida y en la ruta, ahora sería mi chofer de regreso, pero no estaba en condiciones de manejar, y para muestra, cuando se estaba preparando para salir, mientras reversaba, golpeó un coche. Perfecto para terminar el día. Una colisión automovilística. 

Para su fortuna, el golpe no fue grave y el tipo del otro carro estaba muy ebrio, así que se llegó a un acuerdo monetario. Pensamos seriamente en la decisión de quedarnos. Si hacia había sido malo durante el día, ¿Qué no podía esperar durante la noche en medio de la carretera? 

Al final, decidimos regresar. Yo no fui copiloto esta vez y caí en los brazos de Morfeo en el primer kilómetro. Llegamos a nuestro lugar de trabajo, de donde habíamos partido y cada quien se fue a su casa. Manejé mi motocicleta hacia mi casa e hice tiempo record. Apenas podía con mi alma y caí rendido en mi cama esa noche.  

Me habían pasado tragedias, pero ¿tendrá algo que ver que ahora una mujer venía con nosotros se haya puesto peor? Creo que no pienso descubrirlo pronto. 

 

*Lee Crónicas Desafortunadas parte 1 y 2 para entender

Publicado la semana 37. 12/09/2019
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Cuando te quieras reir de la desgracía ajena , Maldiciones Maritimas, Off Road
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