35
John Charlestein

La Princesa Hipster y el Juicio de la Hechicera

Zulemage, la princesa Hipster había recorrido cientos de millas y kilómetros para dar con la antigua hechicera Boreal. La única criatura capaz de resucitar al alquimista, pero tenía una terrible reputación. No por nada vivía en la parte más oscura del bosque. 

Era de noche cuando la princesa Hipster vio el terrible pantano donde la hechicera se erigía. Su cuerpo estaba hecho de fango y musgo en forma de vestido. La princesa Hipster bajó al altar con el cuerpo del alquimista en sus brazos. Apenas podía cargarlo, pero la fuerza de su voluntad pudo más ese día.  

Zulemage dejó caer el cuerpo en el último pedazo de tierra seca, justo antes de que el vestido oscuro y sucio de Boreal lo tocará.  

“¿A qué has venido?” preguntó el hechicero con una voz gutural, casi diabólica. 

“He destruido el cuerpo del alquimista. Vengo a reparar su cuerpo para traer su alma al mundo de los vivos” dijo la princesa sin inmutarse, a pesar de que el monstro le causaba un terrible escalofrió y su olor era sofocante. 

“No tienes derecho. Su alma ahora vaga en este pantano. Sus actividades paganas, sus herejías y su pésima actitud lo trajeron a este pedazo del infierno y tu no lo puedes sacar. Su poder ahora es mío y quizá pronto pueda salir de mi escondite y dominar este reino” gritaba la bestia mientras escupía fango por la boca. 

Zulemage no podía comprender cual era el trauma de todos los locos, vivos o muertos, con los poderes de su amado alquimista. Parecía como si fuera la llave del destino, o una terrible coincidencia. 

Ambas se pusieron a discutir. Sus argumentos de porque si y porque no podían resucitar al mago se estaban acalorando.  

“¿Cuál es tu derecho? ¿Qué poder tienes sobre esta alma tan poderosa que no puede corresponderme a mí?” balbuceó de nuevo la bestia con ahora una voz terriblemente molesta. 

“Es el hombre que amo y el me ama” gritó la princesa Hipster en un tono retador. Se había acostumbrado a la terrible imagen de la hechicera. 

“¿Y él te lo ha dicho? Su alma revela todos sus secretos y esas palabras él no las ha pronunciado en muchos años” repuso el maligno ente.  

“Jamás” dijo la princesa bajando la cabeza. Boreal se alzó el cuello sabiendo que no había poder que le arrebatara el alma de alquimista. Ningún vínculo emocional podía reaccionar para que el alma despertara de su reposo... 

“Pero...” dijo la confundida chica, aún con la cabeza baja “no tiene por qué decírmelo. Sus acciones han sido más que claras. Ha velado por mi cuando me siento mal. Se ha preocupado cuando estoy en tierras lejanas o en zonas de conflicto a pesar de que soy una guerrera. Ha renunciado a la meditación y a su propia soledad para disfrutar de un amanecer, de un anochecer o de un ritual conmigo. Se que es de pocas palabras y cada una de ellas vale muchísimo por ser un hombre sabio, pero las acciones, por más mínimas que sean valen más para mí. La dimensión que tenemos de las cosas es diferente, pero en lo que es realmente importante, estamos de acuerdo y ni tú, ni el purgatorio ni todos los conjuros o el poder que pueda llegar a tener va a cambiar eso. No es un vínculo fuerte, pero es un vínculo especial y por ser único pesa mucho”. 

Las lágrimas de la princesa se derramaron mientras la hechicera reía. “¿Cómo puedes pensar en algo tan ridículo? No tienes nada. Absorberé su poder y tú vas a morir junto con tu reino. Si te mato ahora será el momento correcto”. 

La hechicera creó un remolino de fango y empezó a crecer monstruosamente, arrasando con árboles, musgo, tierra, piedras y unos cuantos animales de pantano. Zulemage cargo el cuerpo del alquimista y corrió lejos, pero ahora la inmensa hechicera la podía seguir con la mirada sin problemas ahora que tocaba las nubes. 

Un golem de fango se convirtió en su armadura y la hechicera Boreal avanzaba lenta y torpemente disparando bolas de lodo, mientras una armada de libélulas la seguían mientras perseguían a la princesa que ya había alcanzado a su corcel. 

El cielo se nubló y grandes rayos se disparaban de las oscuras nubes, algunos bajando en ráfagas que parecían perseguir a Zulemage, quien, imposibilitada por cargar con el cuerpo de su amado, no podía repeler los ataques con su poderoso arco.  

Al girarse para medir la distancia, vio cientos de caras en el cuerpo del golem que parecían pedir ayuda, cubiertas de fango y musgo. “Porque huyes. Enfrenta tu único destino: morir en mis manos” gritaba guturalmente aquella bestia gigante, que lo único humano que le quedaba era su cara.  

Paso a paso su cuerpo absorbía grandes cantidades de tierra y los parajes se veían devorados poco a poco y su velocidad era más lenta, pero rango de acaparamiento era más poderoso. 

Por más que intento correr, Kiara quedo atrapada en el paso del golem, mientras Zulemage trato de liberarla, pero fue inútil. En menos de lo que pensó su caballo estaba atorado y en cada mano del golem había un cuerpo, uno vivo y el otro muerto. 

Ya sin más opción, Zulemage disparó fuertemente pero cada flecha era consumida por la masa de tierra. En un movimiento de brazo la hechicera azotó a la princesa con odio. Su cara golpeó directo con piedras duras. La princesa luchó para no quedar inconsciente pero sus ojos se llenaban de sangre. Intentó disparar nuevamente, pero sus flechas fueron inútiles. Otro azote se dejó sentir en su cabeza. Su arco se rompió y solo le quedó una flecha 

La maligna hechicera estaba en un trance terrible, tanto que su cara era blanca. El espíritu había sucumbido ante el golem quien ya se había infiltrado hasta su cerebro. Con su última fuerza la princesa uso su fuerza para lanzar la última flecha con su mano, pero la trayectoria fue ridícula. 

La flecha cayó suavemente en uno de los rostros agonizantes, específicamente en el de Pyes. Apenas ocasionó un rasguño a la coraza de fango y musgo. Los ojos de la princesa se cerraron débilmente, lo último que sintió fue un poderoso resplandor en los ojos entrecerrados y un grito de dolor gutural surcó los cielos. 

Una voz conocida se escuchaba en la lejanía de los confines oscuros mientras una luz brillaba en sincronía. Los ojos de la princesa se abrían lenta y débilmente. Postrada en una silla, una silueta con habito se erigía hablando bajo, casi rezando y moviendo las manos débilmente. 

Zulemage se incorporó débilmente y con la poca fuerza que tenía estrecho en sus brazos a la figura. Ella sabía quién era y estaba feliz. 

“Tenía miedo de perderte” dijo con la voz entrecortada. 

“Siempre estuve contigo. No quiero que te pase nada nunca” dijo el alquimista. 

Publicado la semana 35. 27/08/2019
Etiquetas
Fantasia Oscura , Dedicatoria Especial
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
35
Ranking
0 32 0