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John Charlestein

La Princesa Hipster contra el Niño del Cumpleaños

Después de la discusión más fuerte, Zulemage, la princesa Hipster, cortó la comunicación con Pyes, el alquimista. La pelea se produjo por un berrinche del alquimista mientras celebraban un mes más de relación. Ese día fue todo lo contrario a un caballero. La abandonó a su suerte. Ni siquiera se molestó en mandar una paloma para preguntar si estaba bien. 

La princesa estaba decidida a no hablarle, pero el peso de extrañar al alquimista pudo más y esa noche, tras tragarse su orgullo, salió montada en su caballo Kiara para visitar la choza del alquimista. Su plan era felicitar a Pyes en su cumpleaños y tratar de hacer las paces. Zulemage se llevó una gran sorpresa cuando vio que la antigua choza ahora se estaba convirtiendo en un palacio en medio del bosque. Cientos de peones con atuendos del Oriente Medio trabajaban para darle forma a la vieja y antes horrible casa del alquimista. 

Trato de cruzar por la puerta, pero dos peones enanos atravesaron sus lanzas para impedirle el paso. Ella se presentó cómo la princesa Hipster y una voz reconocida les ordenó a los guardias que la dejaran entrar.  

Tras cruzar lo que fue el laboratorio del viejo alquimista, ahora transformado en lo que sería un harem, Zulemage estuvo frente a Pyes, pero se veía diferente. De su atuendo de ermitaño benefactor, ahora tenía ropaje de seda, con joyas incrustadas y una mirada de egolatría se asomaba por sus ojos. 

“Ahh la princesa Hipster al fin ha llegado para ser desposada” balbuceó el alquimista en un tono soberbio. La princesa sintió un vuelco en su corazón. La discusión de la última vez que lo vio, tenía que ver con el ritual de emparejamiento. Él estaba negado por su compromiso con la libertad y el saber, pero ella sabía que, dentro de aquel hombre de letras, había mucho amor, pero que le temía a la incertidumbre del futuro. 

“¿Qué rayos te sucede? ¿Por qué este repentino cambio?” preguntó la princesa controlándose un poco. 

“¿Qué tiene de malo? He renunciado a mi antigua vida de egoísmo e iluminación para hacer frente al mundo terrenal junto a ti” replicó  

“¿Así? ¿Qué te orilló a eso?” insistió la princesa Hipster. 

“El verdadero placer está en la tierra. Es nuestro mundo y lo tangible es lo que vale la pena. Lo que valemos es por cuanto tenemos y los que hemos sido bendecidos con el don de ordenar a los demás hemos de...” el discurso fue interrumpido súbitamente gracias a que una flecha voló directo a la cara de Pyes, quien la paro en seco con sus dedos, apenas unos centímetros antes de incrustarse en su frente. 

Zulemage había empuñado su arco y ahora preparaba un segundo tiro. Los guardias enanos se alzaron contra ella. Ágilmente esquivó cada ataque, sin embargo, uno alcanzo a golpear su rodilla y la hincó. Más peones la rodearon, pero fueron neutralizados gracias a las maniobras, sin embargo, la poca movilidad la dejo en desventaja y alcanzaron a amarrarla cómo si fuera víctima de cazadores. 

Atrapada e inmovilizada, el alquimista se acercó a ella y la vio con cara de desaprobación. “¿Porque me atacaste? Creí que estabas enamorada de mí y que querías tener una ceremonia de emparejamiento y así me agradeces que quiera pasar mi vida contigo” dijo con un tono sarcástico. 

La princesa bajó la cabeza y se echó a reír. La cara del alquimista se sorprendió. “No sé porque piensas que caería. Conozco a Pyes, el alquimista. El renunciaría a todo con tal de alcanzar la iluminación, hasta a mi... y aun así no ha renunciado, porque sé que me ama... y tu impostor, has renunciado a todo lo que significa a algo para él y solo te has aferrado a mí y a los tesoros y lujos... quizá tengas su aspecto y su cuerpo, pero no eres el alquimista al que yo amo” gritó. Al terminar los peones la jalaron para lastimarla. 

“Creí que serías más crédula. Si, no soy el. Soy el espíritu del Niño del Cumpleaños... un antiguo zar mimado y poderoso que murió en la víspera de su cumpleaños y su boda. Seguro hasta escuchado mi leyenda” dijo. 

“No me es familiar. No soy de las que escuchan o leen leyendas” replicó la princesa, haciendo que a Pyes, siendo poseído, se le cayera la cara de vergüenza. 

“Si la conoces, pero te haces la interesante. Ambos sabemos que caí muerto tras una rabieta en mis nupcias y cumpleaños y ahora poseo a los cuerpos que están frágiles en la fecha de su nacimiento” replicó con mucha molestia y continuó “Ahora serás mi esposa y te gustara”. 

La princesa bajo la cabeza y vio a los ojos a su ex-pareja poseída y alzó los labios en forma de beso. Rápidamente el ente, en el cuerpo del alquimista, se acercó y un fuerte cabezazo le rompió la boca, haciéndola sangrar. Ante la sorpresa los peones debilitaron los amarres y la princesa se levantó y en una pirueta golpeo a todos sus captores.  

Recobrando el equilibrio empezó a lanzar flechas, derribando a cada uno de los peones enanos que la querían atrapar. Entre todo el escándalo y la pelea, Zulemage lanzó una flecha hacia Pyes sin querer, pero para su sorpresa se detuvo en seco frente a el nuevamente y cayó. 

“Amor mío, voy a sacarte ese espíritu grosero a patadas. Espero puedas perdonarme” dijo mientras corría usando arco cómo un mazo, pero para su sorpresa el golpe quedó bloqueado en el aire. 

“Cómo veras, no elegí a este alquimista harapiento por guapo, si no por todo su poder. Esa vara hechizada que sirve cómo escudo es perfecta para proteger el cuerpo y que mi espíritu no salga jamás” dijo riendo Pyes con una voz espectral que salió de su cuerpo, mientras la princesa movía rápidamente su arco intentando asestar un golpe. 

Cansada, Zulemage empezó a sentir cómo su cuello era rodeado y su cuerpo levantado. Con un simple ademan de ahorcamiento, el espectro la había sometido. “Si me caso contigo poder volver a mi antiguo estilo de vida. Espero lo entiendas... tal vez con el tiempo llegue a quererte...” ella lanzó una patada, pero la vara detuvo el impacto, lastimando seriamente su pie”. 

“Es inútil. Anda. Dame un beso y sellemos el ritual”. Ella bajo la guardia y dejó de resistirse. El alquimista movió su mano y la bajo lentamente. Zulemage paso su mano a través de su oreja para acariciar su cabello y lo jalo hacia ella para besarlo, en eso el alquimista cayo súbitamente al suelo.  

La caricia lo hizo bajar la guardia y su vara encantada cayó al suelo haciéndolo tropezar y caer de cara contra el suelo. Aprovechando su desliz, la princesa enterró su bota en la espalda del cuerpo de su amado que tortuosamente se retorcía”. 

“No lo soporto. Déjame. Déjame.” gritaba el cuerpo aterrorizado. “La única manera de dejar el dolor es cuando el cuerpo llegue a su límite o cuando dejes de poseerlo” dijo con mucha tranquilidad, mientras su tacón se marcaba más y más en la espalda del alquimista. Los peones que quedaban empezaron a huir y desaparecieron entre las copas de los árboles y poco a poco la casa del alquimista, volvía a parecerse a su vieja ermita. 

“Jamás... no lo deee....jarías... morir.... cómo duele...” decía entre quejas y lloriqueos. Ella solo respondía “el me perdonara” ... La princesa Hipster solo repetía lo mismo mientras escuchaba las quejas, pero de repente dejó de oírlas. Su primer pensamiento fue que el espíritu había huido pero otra idea inundó su cabeza de repente “¿Y si lo maté?” 

Continuara つづく 

Publicado la semana 32. 11/08/2019
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