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John Charlestein

El Ritual del Cazador

No me sentía particularmente maduro la mañana en que maté a Vladimir. Si. Era molesto y sí; no era el más brillante y siempre fue un buen amigo, pero, de todas maneras, era parte de mi iniciación. Nadie quiere ver que su mascota muera, menos en el día más importante de tu vida, cuando frente a todos alcanzas la madurez y ahora eres todo un cazador. 

No lo hizo fácil. Su mirada se clavó en mis ojos desde la noche anterior. El no entendía nada, pero sabía que algo no estaba bien. Intuición probablemente. Hasta yo sabría que no hay algo bien, si después de vagar libre toda tu vida en el jardín, te dejo atado al suelo por una noche. 

Aún estaba oscuro cuando empezó el ritual. Toda la energía queVladimir no había usado y que había reprimido, salió cuando aún faltaban dos horas para el amanecer. En estos casos se nos impide hacer uso del vuelo. Es parte de los requisitos de un cazador: aprender a sobrevivir en las condiciones más adversas.  

La presa no era un problema. Le dan media hora de ventaja y debemos atraparla y cosecharla, antes de que sea de día. Están ansiosos por huir y nosotros por atrapar. Es un gran juego.

Mi búsqueda fue furtiva y pesada. El campo estaba particularmente lleno de fragancias veraniegas que hacían las flores más olorosas que de costumbre y seguir el rastro de Vladimir fue una odisea. Llegué a los límites de aquel bosque hasta el barranco norte. No había rastros de que hubiera huido del perímetro.  

Seguí en su búsqueda un poco alarmado, pues las primeras luces del día raspaban débilmente la montaña. El tiempo se agotaba. A pesar de la noche, un bosque nunca es quieto, siempre hay un ruido que te despista. Puede ser un jabalí, un zorro o alguno de los otros cazadores. 

Justo cuando pensaba en eso, uno de ellos salió de entre los árboles con su cosecha hacia el cielo. El cuerno de la victoria retumbó. Él se llevaría los honores más grandes por ser el primero y podría sentarse junto al Sabio Maestro. No me acompleja. No quiero destacar, solo quiero cumplir con las reglas. 

La luz del sol bajaba más rápido. El tiempo se agotaba y aún no encontraba a Vladimir. Mi intuición decía que apenas en cinco minutos y amanecería. Trate de pensar como él. Recordar sus gestos, sus gustos, sus hábitos... Esa fue la pista. Haber convivido tanto con el me hizo recordar el momento exacto de la noche donde va a buscar agua... 

Usé las técnicas de rastreo de agua y di con un pequeño estanque, donde brotaba agua cristalina. Él estaba de espaldas a mi bañándose. Se lanzaba agua con sus manos y tenía el cuerpo hundido hasta la cintura. Caminé despacio y cuidando mis pisadas para no alertarlo. Atravesar el agua sin hacer ruido fue una hazaña, pero me las arreglé... 

Finalmente, servido y limpio lo tomé de su cuello y con mi garra lo amenacé. El, sin el más mínimo reparo solo giró su mirada hacia mí. Esa mirada clavada en mis ojos. Momentos juntos y grandes risas recorrieron mi memoria. No podía hacerlo. Empezamos a llorar. Puse mis colmillos en su cuello. Creí que era mentira lo que decían de los colmillos, pero como que huelen la sangre porque incluso, se hicieron más grande fuera de mi boca. 

Me detuve. No lo iba a hacer, pero cerca de mí, otro de los cazadores salió de entre los árboles y me tomó por sorpresa. Había mordido sin querer a mi mejor amigo, Vladimir. Mi humano mascota... Parte del código de los vampiros es romper los lazos que te hacen humano y por eso hacen que te encariñes con uno; para después renunciar al amor o respeto que le puedas tener. 

Han pasado 50 años desde entonces y ahora estoy feliz, porque Vladimir por fin despertara como un vampiro. Ahora seré yo quien lo entrene. Soy lo suficientemente maduro para enseñarle el valor de la vida y de un amigo... Solo espero, que sus nuevos instintos no lo traicionen. 

Publicado la semana 31. 04/08/2019
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Chase Music , Durante los días lluviosos
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