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John Charlestein

Espejo Inverso

El ladrillo estaba visiblemente flojo. La curiosidad de Carolina la orilló a moverlo para encontrar algo. Esperaba ver oro para satisfacer sus necesidades materiales;  algo macabro para satisfacer el morbo o algo especial que la sacara de la rutina.

Pero solo fue un par de ojos. Idénticos a los suyos. Se sobresaltó y se lanzó para atrás, pero reaccionó y vio que solo era un espejo. Pensó en lo aburrido que era aquel lugar que se tomaron el tiempo de tapizar un viejo espejo con ladrillos.

Buscó subir por las escaleras pero el eco de sus pasos era terrible, como si saliera de la pared. Volvió para asomarse solo para encontrarse con los ojos idénticos. Viendo fijamente se alejó un poco y descubrió que los ojos eran iguales pero estaban en un chico idéntico a ella, con los respectivos rasgos en versión masculina. Se empeñó en tratar de quitar los demás ladrillos, pero por la fuerza con que estaban pegados, apenas lo pudo despegar. Cada sonido o esfuerzo que hacía con la boca parecía repetirse del otro lado con una voz más grave y autoritaria.

Salió rápidamente del sótano tratando de no pensar en los sonidos que retumbaban. La puerta se abrió y Carolina cargaba un pico. Con la poca fuerza que tenía empezó a picar. Poco a poco fue develando más del cuerpo de aquel espejo. A pesar de los duros golpes parecía que el espejo se mantenía intacto, mientras del otro lado podía apreciar una figura con más musculatura y fuerza imitar sus movimientos pero obteniendo mejores resultados.

La tarde se convirtió en noche y cansada Carolina optó por no seguir más. Ahora solo pensaba en dormir, no sin antes lanzar una última mirada a ese reflejo inverso.

Al día siguiente se levantó  temprano, más que de costumbre, quizá porque no pudo dormir. Algo la obsesionaba con ese espejo. Pensaba que tenía que develar el misterio de aquella pared antes de que su abuelo volviera, quien podría tener una razón, muy buena, para ocultar aquel espejo, pero quizá ya lo había olvidado y su razón ya ni siquiera fuera valida.

La imagen se paró frente a ella y levantó el pico en sincronía y ambos empezaron a picar y destruir los ladrillos uno a uno. Temiendo no acabar nunca, Carolina lanzó un golpe súbito tomando vuelo y golpeando con toda la energía que podía acumular.

El golpe pareció inefectivo, pero sorpresivamente los ladrillos comenzaron a resquebrajarse y un círculo perfecto se dibujó y un hueco perfecto se formó en la pared. Justo frente a ella estaba lo que parecía ser ella misma pero como hombre. Su pelo era más corto, tenía una ceja poblada y un par de cicatrices en la cara. Una fascinación la invadió y se acercó lentamente.

Preguntó a aquel extraño reflejo quien era. El replicó la pregunta un segundo después. Ella respondió con su nombre y el respondió con uno parecido pero usado para hombres: Carlo.

Ella preguntaba y el replicaba la misma pregunta, pero al ella responder, el adecuaba sus respuestas. Cuando le preguntó por su abuela muerta él dijo que su abuelo era quien había muerto. Cuando preguntó por su trabajo, el respondió que era veterinario, cuando ella era asistente dental. Al preguntar sobre su pareja aquel hombre dijo que era viudo mientras ella aún resentía los estragos del divorcio.

Sin darse cuenta la noche había llegado, pero Carolina parecía maravillada por aquel ser. Sentía una conexión cósmica, casi mágica y lejos de asustarla, quería ir aquel  mundo, uno donde no hubiera abuelo, sino abuela; uno donde no tratara con gente sino con animales; uno donde la persona indeseable que tenía por ex pareja no existiera más.

Carolina se levantó y se acercó al reflejo. Pretendía besarlo. Sentía que si lo hacía por fin podría tener otra vida, una mejor. Acercándose vio el reflejo de su abuela que parecía derretirse a cada segundo.

Un grito duro sacudió la psique de Carolina. El reflejo de la abuela tenía su contraparte de su lado. Su abuelo se acercó, mientras ella veía la escena en el espejo invertida. Una mano esquelética se posó en el hombro del reflejo y un giro súbito alejó a Carolina del reflejo.

Su abuelo la abrazó, pero ella lo empujó hacia atrás. Vio de nuevo el círculo con el espejo, que ahora mostraba una escena de lo más terrible. Símbolos oscuros y antiguos se dibujaban en las paredes de concreto y la pared se deformaba de formas imposibles y la cara de aquellos reflejos ahora eran revolturas de animales y figuras que no tienen lógica ni nombre.

-¿Porque? ¿Por qué tenías que ser igual que tu abuela? – Gritó el abuelo entre lágrimas y sollozos al abrazarla –Perdón abuelo. La tentación. El éxito.- decía ella mientras un viento maligno se dejaba sentir.

-Debiste ser más agradecida. Este camino tú lo hiciste pero si no estás contenta, entonces te dejo ir-. El abuelo sometió a su nieta y la empujó directo al reflejo que ahora era de tono rojo, casi imposible de ver. De una manera asquerosa e imposible, aquella pared se comió a Carolina e instantáneamente la parafernalia cesó.

Aquel hombre anciano cayó de rodillas y empezó a llorar. Nunca esperó hacer eso de nuevo a alguien que amara tanto. –La vida no es perfecta, pero no hay otra.

Publicado la semana 18. 05/05/2019
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