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Fernando Llor

Intensidad - Géneros Cinematográficos IV - Noir

Llueve. Con intensidad. Como en todas las buenas historias llueve como si se fuese a acabar el mundo. En el despacho de Eric Dibois suenan los lamentos de un hombre desconsolado, el detective acaba de mostrarle las fotos que demuestran que su mujer le es infiel con un cliente de la frutería. Maldice, perjura y arroja las fotos por los aires, no lo quiere creer. Eric lo observa con una mezcla de lástima y más lástima. Odia su trabajo, hace más de cinco años que no hace más que encargos de huelebraguetas y fraudes a las compañías de seguros, por eso le pide al hombre que abandone su oficina y le deje en paz. 

Fuma. Con intensidad. Como en todas las buenas historias fuma como si el tabaco le ayudase a ser más profundo mientras observa la putrefacción del mundo a través de sus persianas venecianas. En cualquier otro argumento ahora entraría en el despacho una rubia despampanante con un problema con su esposo. Pero no, esto es diferente. El que entra es un cardenal ataviado con su hábito cardenalicio. Suda, le tiemblan las manos, trata de buscar palabras que no le salen. 

Eric le ofrece asiento y un vaso de agua. Antes de sentarse le observa desde arriba con desdén, tan solo ver la túnica le provoca un escalofrío, los años en Saint Joseph no fueron buenos ni dignos de recordar, cualquier asunto con la Iglesia de por medio es un mal asunto para él. Trata de calmar al cardenal, le enciende un cigarro e incluso le aprieta una mano. Se presenta como Monseñor Venatti, ha llegado esta mañana desde el Vaticano, preguntó por el mejor detective que se pueda encontrar y llegó hasta su despacho tras varias recomendaciones de politicuchos que habían salido impunes de aventuras truculentas gracias a Dibois.

Eric no recibe del todo bien los halagos y aprieta a Venatti para que vaya al grano. El cardenal arranca: el Papa, el Santísimo Padre en persona, ha afirmado algo terrible: Dios ha sido asesinado y hay que encontrar al culpable. Eric resopla, abre un cajón y bebe. Con intensidad. Como en todas las buenas historias bebe sabiendo que tiene un gran problema, pero esta vez lo resuelve rápido.

—Váyase de aqui, tarado — grita Dibois mientras abre la puerta y le muestra la salida al prelado.

—No entiendo, ¿no quiere formar parte del misterio más grande de la humanidad? Estamos hablando de la muerte de Dios. 

Resopla. Con intensidad. Ni siquiera tiene ganas de explicarle a Venatti por qué su sola presencia allí es insultante.

Publicado la semana 4. 26/01/2019
Etiquetas
Relato, cine, noir
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Año
I
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